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    Nos llaman a orar para que el sujeto, el verbo y el predicado… ejerzan sus funciones.

    Nos llaman a orar para que las palabras… dejen de ser un eco desechable, olvidable.

    Nos llaman a orar para que reconozcamos, en las palabras, la esencia del Misterio Creador. Conocerlo en el sentido de… descubrir nuestra procedencia, calibrar nuestra presencia y ejercitarnos según las necesidades.

    Nos llaman a orar para que dejemos de ser carne vendible, instintual, vulgar y aprovechable.

    Hoy nos llaman a orar, como “presente”, para que el ser se replantee su posición y asuma su dignidad…; que seamos dignos de entrar en “la casa de la vida”.

    Esa casa de la vida que reclama nuestros ejercicios de realización, en base a los dones recibidos.

     Nos dieron semillas que dan frutos. Y es nuestra verdadera vocación ser sembradores de virtudes. Que nuestra bondad rigurosa se haga presente.

    No somos una prueba de “a ver qué pasa”: “Hago esto a ver qué pasa, qué ocurre, no sé, ya veré…”. ¿Qué es eso? Eso no es digno, no es presentable, en un ser de humanidad dotado de capacidad cognitiva, de recursos verbales.

    En ningún caso somos marionetas de alguien. Somos enviados de “el Misterio Creador”. A Él, Ello, Ella debemos… le debemos fidelidad por nuestra vida. Buscamos su lenguaje en nuestra cotidiana disposición.

    Nos encontramos, como humanidad, ante una oferta y demanda…; ante “un comercio del vivir”: el ejercicio más poderoso que se ha desarrollado para lograr una supremacía de unos sobre todos… bajo las apariencias de palabras trucadas, de promesas permanentemente incumplidas, de adicciones entretenidas… y del eslogan cotidiano de que “la vida es así”: como se diseña y se rediseña diariamente por los poderes que controlan el comercio de ideas, proyectos, cantidades, calidades…

    Estamos inmersos en esa cotidianidad…

    Y debemos sacar de nuestro templo, de nuestro ser, los mercaderes que comercian, que han entrado por la propaganda, la promoción, la astucia… Y nuestro templo sagrado se ha convertido en un lugar de “rancho”… donde se comercia, se vende, se guerrea.

    La Llamada Orante nos recuerda nuestra templaria posición.

    Como enviados de la Creación, todos –cada uno en su especial papel- albergamos en nuestra ánima ese espacio, ese cuenco vacío, limpio… en el que van a aparecer, si lo mantenemos dispuesto, las señales, los signos, las sugerencias, las ocurrencias, los estudios, las capacidades para “saber”, en el sentido de orientar nuestra trayectoria.

    No somos rocas esclavas, afectivas, mentales, instrumentales. Somos alientos de viento, trascendentales.

    ¡Al menos, identifiquemos nuestra naturaleza!… para que no caigamos en el chantaje de la inteligencia, del conocimiento, del afecto, del seguro.

    No es un mercado de dotes en el que se compra y se vende, de una u otra forma, a los seres. No. Aunque así suceda. Sí, claro. Por eso la denuncia Orante: para que nos demos cuenta… de la necesidad de purificar nuestro templo.

    Nos llaman a orar para recordarnos –hace falta, sí- nuestra necesaria dignidad…

    Esa posición que se hace flexible, adaptable, pero no negociable. Sí, dialogante, comprensiva, generosa y servidora.

    Nos recogemos en la implicación con el Misterio Creador. Nos hacemos reflejo, testimonio de esa vida que nos anima, esa ánima que nos promociona, y todo ese contingente de vida que nos rodea.

    Que el alga sabe ocupar su lugar. El águila sabe planear en los espacios. El pez sabe desplazarse hacia sus necesidades.

    Y el ser, el ser de humanidad… ¿qué hace deambulando entre sus naturalezas…? ¿Qué hace destrozando su entorno…? ¿Qué hace rechazando lo virtuoso, lo extraordinario, lo excepcional… e inclinarse por lo corriente, lo vulgar, lo repetitivo, lo fracasado…?

    Como seres templarios que albergamos las semillas del amor, del amar, del amante… ese crisol debe ser mantenido y cuidado… para que sea un reflejo del amor que nos sostiene, nos mantiene, nos entretiene.

    Y al ser “amantes del vivir”… vibramos en las atracciones auténticas, en las entregas sin chantaje, en las convivencias sin condiciones, en el compartir alegre y generoso, en el respeto a la escucha, librándonos de los adjetivos que se suelen atribuir a éste, a aquél o al otro… y que nos impiden sentirnos.

    Consentirse en lo creativo, como reflejo de que Creación somos; convertirse en el detalle del arte permanente; convertirse en referencia: referencia de disposición, de actitud, de dis-posición; convertirse en una realización evidente… en la que todos “nos necesitamos”.

    Pero nos necesitamos en nuestras virtudes.

    Nos necesitamos en nuestras virtudes, no en nuestros desechos.

    Las opciones, las oportunidades, las necesidades… nos aguardan permanentemente.

    La vida nos reclama nuestra vitalidad, para renovarla, para recrearla, para enamorarla y hacerla libre, liberada de la renta, el beneficio, la ganancia, la importancia.

    Hacer, del vivir cotidiano, un manantial inagotable de agua de vida… y un respirar de aire invisible… que nos inspira… y que nos hace suspirar… por la Eternidad.

    ***

     

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    We are called to pray so the subject, the verb and the predicate... do their functions.

    We are called to pray so words... cease to be a disposable, forgettable echo.

    We are called to pray so we may recognise, in words, the essence of the Creator Mystery. Knowing it in the sense of... discovering where we come from, calibrating our presence and exercising ourselves according to needs.

    We are called to pray so we stop being saleable, instinctual, vulgar and usable meat.

    Today we are called to pray, as "present", that the being may rethink its position and assumes its dignity...; that we may be worthy to enter "the house of life".

    That house of life that calls for our realization exercises, based on the gifts we have received.

    They gave us seeds that bear fruit. And it is our true vocation to be sowers of virtue. May our rigorous goodness be present.

    We are not a test of "let’s see what happens": "I do this to see what happens, what occurs, I don't know, I'll see...". What is that? That's not dignified; it's not presentable, in a being of humanity endowed with cognitive capacity, with verbal resources.

    We are not in any way someone's puppets. We are sent for "the Creator Mystery". To Him, It, Her we owe... we owe fidelity for our life. We seek Its language in our daily disposition.

    We find ourselves, as humanity, before supply and demand...; before "a trade in living": the most powerful exercise that has been developed to achieve a supremacy of some people over all... under the guise of tricked words, permanently unfulfilled promises, of entertaining addictions... and of the daily slogan that "life is like this": as it is designed and redesigned daily by the powers that control the trade of ideas, projects, quantities, qualities...

    We are immersed in this daily life...

    And we must remove from our temple, from our being, the merchants who trade, who have entered through propaganda, promotion, cunning... And our sacred temple has become a place of "ranch"... where people trade, sell, and make war.

    The Prayerful Call reminds us our templar position.

    As envoys sent by Creation, we all –each one in our own special role- hold in our soul that space, that empty, clean bowl... in which, if we keep it ready, the signs, signals, suggestions, occurrences, studies, capabilities to "know", in the sense of guiding our trajectory, will appear.

    We are not slave, affective, mental, instrumentals rocks. We are transcendental breaths of wind.

    Let us at least identify our nature!... so that we do not fall into the blackmail of intelligence, knowledge, affection and security.

    It is not a market of endowments where beings are bought and sold in one way or another. No. Although so is happens. Yes, of course. That’s why the Prayerful denunciation: so we realize... the need to purify our temple.

    They call us to pray to remind us –yes, it is needed- our necessary dignity...

    That position is flexible, adaptable, but non-negotiable. Yes, dialoguing, understanding, generous and servant.

    We gather ourselves in involvement with the Creative Mystery. We become a reflection, testimony of that life enlivens us, that soul that promotes us, and all that contingent of life that surrounds us.

    The seaweed knows how to take its place. The eagle knows how to soar in space. The fish knows how to move towards its needs.

    And the being, the being of humanity... what is it doing wandering among their natures...? What is it doing destroying their environment...? What is it doing rejecting the virtuous, the extraordinary, the exceptional... and leaning towards the ordinary, the vulgar, the repetitive, the failed...?

    As templar beings who harbour the seeds of love, of loving, of the lover... that crucible must be maintained and cared for... to be a reflection of the love that sustains us, maintains us, entertains us.

    And being "lovers of living"... we vibrate in authentic attractions, in giving without blackmail, in living together without conditions, in joyful and generous sharing, in respect for listening, freeing ourselves from the adjectives that are usually attributed to this one, that one or the other... and that prevent us from feeling ourselves.

    To indulge in the creative, as a reflection that we are Creation; to become the detail of permanent art; to become a reference: a reference of disposition, of attitude, of dis-position; to become an evident realization... in which we all "need each other".

    But we need each other in our virtues.

    We need each other in our virtues, not in our waste.

    Options, opportunities, needs... await us permanently.

    Life reclaims our vitality, to renew it, to recreate it, to make it fall in love with it and make it free, freed from benefit, profit, gain, importance.

    To make daily life an inexhaustible spring of water of life... and a breath of invisible air... that inspires us... and makes us sigh... for Eternity.

    ***

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    Y el vivir se hace arte cuando, a través del orar, nuestra consciencia sintoniza con nuestro origen de Infinito…; con nuestro Misterio Creador. Que al decir “nuestro” no indica ninguna pertenencia, sino simple referencia.

    Y así nos hacemos arte de vivir, al meditar lo orante y al contemplar lo que transcurre.

    Así hacemos arte en las diferentes acciones, y nuestra consciencia se hace transcendente, asume el Misterio… y elabora la lectura que ello supone. Y nos libera del protagonismo del “mí-mismo” reclamante, que nunca está satisfecho; que siempre está demandante… porque se ha hecho referencia a sí mismo.

    Si nuestra referencia es la Eternidad y no la consciencia finita del principio y final, nuestro vivir se convierte en un testimonio de ese Amor que nos mantiene, nos entretiene, nos guía, nos orienta.

    La Llamada Orante incide en nuestra posición, en nuestra dis-posición con respecto a las demandas que nos rodean.

    Y ahí no caben las peticiones y las decisiones de gustos, de imposiciones o de ofertas.

    Estas ocurren y se dan cuando el ser se referencia en sí mismo e impone sus haceres, sus actitudes, con independencia de si son necesarias, demandantes, reales o no.

    Las consecuencias de la consciencia de la infinitud de lo Eterno, plasmado en el vivir, nos abren hacia actitudes, acciones y realizaciones que no emanan de nuestra preparación, de nuestra cultura, de nuestras costumbres. Emanan de la inspiración de… esa chispa de casualidad, ese momento de incertidumbre, ese instante imprevisto, ese flash que nos deslumbra… que no tiene explicación; que carece de razón. Y es ahí donde el Amor abunda.

    Pero se hace el ser ¡tan personal! –personal-… que se invagina en su pensar, se envuelve sobre sí… y sólo mira su ególatra satisfacción, que transcurre, que corre, que se agota.

    Y habitualmente el ser se aísla en su reflexión y en su referencia, y queda remitido a la vulgar acción de cotidiana obediencia a lo establecido, a lo previsto, a lo ordenado, a lo esclavista… Y esclaviza. Obedece a sus tendencias, y no a la disposición de sus vivencias y creencias.

    Cuando el orar se hace vehículo de nuestra constancia de Universo, y nuestro vivir se hace un arte en la realización, en esa vibrante consciencia no cabe el miedo y la preocupación.

    Estamos en permanente expansión, ejercitándonos en la excepcionalidad, en la originalidad…; en lo que realmente somos: enviados servidores de la vida… embarcados en un Misterio que nos da el aliento vital, que nos coordina y nos orienta en el vuelo de las mariposas, en el amanecer, en el atardecer, en la suerte. En ese enamorado momento en el que el sentir está pleno… pero que precisa mantenerse en esa consciencia de plenitud.

    Y es ahí cuando el ser abandona sus tendencias, pertenencias, inclinaciones, reclamos… y se hace liberado, y en esa disposición hacia lo verdaderamente necesitado.

    Porque es fácil convertirse en limosna o en alivio de aquello o de aquél. Y es gratificante para el ego. Pero precisa del protagonismo. No asume el anonimato.

    Se ha ido ordenando, el vivir, con reclamos, ganancias, pérdidas, promociones: proyectos que buscan el reclamo del aplauso… sin deparar en el despertar de cada día; sin deparar en los dones de nuestra naturaleza; sin deparar en las oportunidades, ocasiones, circunstancias, momentos… en los que la Providencia nos aquilata, nos abrillanta, para que seamos decididos liberados. Y no escapistas de turno… de los que buscan las rentas, los beneficios, las ganancias, y siempre la huida “por seguridad”. En realidad, es por egoísmo y por hedonismo personal.

    Y no es difícil darse cuenta de todo ello, pero tiene tal nivel de posesión, que el ser olvida que está inmerso en un Universo Creador… y que su posesión no modificará ni un ápice ese Universo que… se hace incógnita, pero a la vez se hace cosecha permanente.

    El Misterio Creador nos permite, a través de la oración, del meditar sobre ella, del contemplar el transcurrir…, nos permite la consciencia de vida, sin llegar a definirla. Porque si pudiéramos –¡ay, con el poder!- definir la vida, se haría finita. Y eso es lo que suele ocurrir en la consciencia ordinaria: que el acontecer se hace finito: “¡Ah! Esto empieza y esto termina”.

    Y eso hace que el ser se distorsione, se deteriore, se haga roce de herida.

    Va convirtiendo el vivir en un consumo: “¡Ah! Esto empieza y termina…”. Sí; porque ya no responde a mi egolatría personal, social, cultural, ambiental, argumental…

    Y así el ser, en su vulgaridad ególatra, empieza y termina, empieza y termina, empieza y termina…

    Y, claro, acumula ¡tantas! terminaciones, que se hace un fiel creyente de que todo tiene un principio y un fin.

    Él mismo, en consciencia, va elaborando ese proyecto, hasta culminarlo en la observación material, en la que se muestra una foto de la infancia y una foto de la vejez… y así demuestra claramente –¿claramente?- que todo tiene un principio y un fin.

    Y resulta que no sabemos nada del principio, y el fin se diluye en particiones, en componentes. Con lo cual, realmente, la teoría práctica de la vulgaridad cotidiana se puede quedar satisfecha, sí, pero sin recursos ‘con-vin-cen-tes’.

    Si resulta que –nos dice la Llamada Orante- no tenemos principio ni fin, porque somos una ideación del Misterio Creador…

    Que, por mucho que queramos especular en nuestra mente, no vamos a entrar en él. En cambio, si lo asumimos, sentimos la complacencia permanente de su asistencia Providencial.

    Y así como nos atrevemos a decir, científicamente, cuándo comenzó el universo, cuándo terminará, cómo será… Es una forma de no atreverse a ser amante jamás, sino a ser “una morcilla constitucional”: esa que va queriendo, va cogiendo, va soltando…; esa que termina concibiendo que todo es un desperdicio. Y en su esclavitud, termina por demostrar que es así, cuando no se abre la consciencia a otra realidad.

    ¡Y no hay que teorizar ni especular mucho! Es tan solo en base a nuestra mínima             –¡mínima!- consciencia de saber dónde más o menos estamos –que no lo sabemos-. Pero ahí, suspendidos, como dicen los tratados antiguos: “Habitamos suspendidos en la Creación”.

    Es suficiente con ver las estrellas o… con sentir el Ama-necer. No hace falta más. Lo demás, bajo la visión vulgar, lo acotamos, lo limitamos.

    Y por motivos operativos de posesión, de querencias, ponemos un principio y un fin. Y a vivir con ello, arrastrándolo una vez y otra, y las veces “que haga falta” –entre comillas-.

    Si nos situamos en la perspectiva del “sin principio” y –en consecuencia- “sin fin”, no hay arrastre de terminaciones. Hay contemplaciones y meditaciones de transformaciones.

    Si hasta los sabios más ilustres nos dicen que la materia ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma. Y lo aceptamos como teoría, sin saber lo que hemos dicho; porque, si se aceptara en consciencia, pues entraríamos en esa perspectiva orante: “sin principio ni fin, nos eternizamos en continuas transformaciones”.

    Y cada amanecer somos nuevos seres. Nos han corregido, en el sueño, determinadas situaciones, para que… cuando la luz se muestre, nuestros ojos se abran.

    Y ¡sí!, tenemos esos compromisos, deberes, funciones, sí. Pero… no somos los mismos.

    Hacer de nuestro estar un arte, por la plegaria de orar… sin búsqueda de renta, sino con ansia de identidad, nos proyecta a una realización estética, cuidadosa, de calidad.

    Con esa calidez con la que la luz nos arropa.

    De esa calidad con que la ternura del vivir nos acaricia.

    Situarnos en un transcurrir de poesías, sí, en donde la mirada es un encanto; el suspiro, un anhelo; el andar, un sosiego; el imaginar, una fantasía. No hay nada que friccione. ¡Todo fluye en sintonía!...

    No negarse al verso, al verse “artista de cada día”. A ese verso que escribimos con el amor reflejo que somos… de la imaginería del Misterio Creador.

    Testigos somos de las escuchas, de las lecturas del acontecer que, a su vez, nos reclama el testimonio de un Arte de Hacer.

    ***

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    And living becomes art when, through prayer, our consciousness is attuned to our origin of Infinity...; to our Creator Mystery. By saying "our" does not refer to any belonging, but simple reference.

    And so, we become the art of living, meditating on the prayerful and contemplating what is happening.

    Thus, we make art in the different actions, and our consciousness becomes transcendent, assumes the Mystery... and elaborates the interpretation that this entails. And it frees us from the very demanding leading role, which is never satisfied; which is always demanding... because it has made reference to itself.

    If our reference is Eternity and not the finite consciousness of beginning and end, our living becomes a testimony of that Love which sustains us, entertains us, guides us, and orientates us.

    The Prayer Call affects our position, our dis-position with respect to the demands around us.

    And there is no room for requests and decisions based on taste, impositions or offers.

    These occur when the being takes reference to itself and imposes its actions, its attitudes, regardless of whether they are necessary, demanding, real or not.

    The consequences of consciousness of the infinitude of the Eternal, embodied in living, open us to attitudes, actions and realisations that do not emanate from our preparation, our culture, our habits. They emanate from the inspiration of... that spark of chance, that moment of uncertainty, that unforeseen moment, that flash that dazzles us... that has no explanation; that lacks reason. And that is where Love abounds.

    But the being becomes so personal! –personal-… that is invaginates in its thinking, wraps itself around itself... and only looks at its own egotistical satisfaction, which passes, which runs, which exhausts itself.

    And habitually the being isolates itself in its reflection and its reference, and is reduced to the vulgar action of daily obedience to what is established, to what is foreseen, to what is ordered, to what is enslaved... And it enslaves. It obeys its tendencies, and not the disposition of its experiences and beliefs.

    When prayer becomes the vehicle of our perseverance of the Universe, and our living becomes an art of realisation, fear and worry do not fit in that vibrant consciousness.

    We are constantly expanding, exercising ourselves in exceptionality, in originality...; in what we really are: sent servants of life... embarked on a Mystery that gives us vital breath, that coordinates us and guides us in the flight of butterflies, at dawn, at sunset, in luck. In that loving moment in which the feeling is full... but needs to be maintained in that consciousness of fulfilment.

    And it is there when the being abandons its tendencies, belongings, inclinations, claims... and becomes liberated, and in this disposition towards the truly needed.

    Because it is easy to become alms or relief for that thing or that one. And it is gratifying for the ego. But it requires a leading role. It does not assume anonymity.

    Living has been ordered, with claims, profits, losses, promotions: projects that seek the claim of applause... without taking into account the awakening of each day; without taking into account the gifts of our nature; without taking into account the opportunities, occasions, circumstances, moments... in which Providence shines us, polishes us, so that we may be decidedly liberated. And not escapists... those who seek gain, benefits, profits, and always flee "for safety". In reality, it is for selfishness and personal hedonism.

    And it is not difficult to realise all this, but it has such a level of possession, that the being forgets that it is immersed in a Creator Universe... and that its possession will not modify this Universe one iota, which... becomes unknown, but at the same time permanent harvest is made.

    The Creator Mystery allows us, through prayer, through meditating on it, through contemplating the passing..., it allows us the consciousness of life, without defining it. Because if we could -oh, power!- define life, it would become finite. And that is what usually happens in ordinary consciousness: that the event becomes finite: "Ah, this begins and this ends".

    And that causes the being to become distorted, to deteriorate, to rub against a wound.

     It turns living into consumption: "Ah, this begins and ends...". Yes; because it no longer responds to my personal, social, cultural, environmental, argumentative egomania...

    And so, the being, in its egomaniacal vulgarity, begins and ends, begins and ends, begins and ends...

    And, of course, it accumulates so many endings that it becomes a faithful believer that everything has a beginning and an end.

    It itself, consciously, elaborates this project, until it culminates in the material observation, in which a photo of childhood and a photo of old age are shown... and thus clearly demonstrates -clearly?- that everything has a beginning and an end.

    And it turns out that we know nothing of the beginning, and the end is diluted in partitions, in components. So, really, the practical theory of everyday vulgarity can be satisfied, yes, but without 'con vin-cing' resources.

    If it turns out that -the Praying Call tells us- we have no beginning and no end, because we are an ideation of the Creative Mystery...

    That, however much we may want to speculate in our minds, we will not enter into it. Instead, if we assume it, we feel permanent satisfaction of its Providential assistance.

    And just as we dare to say, scientifically, when the universe began, when it will end, what it will be like... It is a way of never daring to be a lover, but rather to be "a constitutional blood pudding": the one that wants, takes, releases...; the one that ends up conceiving that everything is a waste. And in its slavery, it ends up proving that this is so, when consciousness does not open to another reality.

    And there is no need to theorise or speculate too much! It is only based on our minimal consciousness –minimal- of knowing where more or less we are -which we don't know. But there, suspended, as ancient treatises say: "We dwell suspended in Creation".

    It is enough to see the stars or... to feel the Loving dawn. No more is needed. The rest, under the vulgar vision, we limit it, we curb it.

    And for operative reasons of possession, of desires, we set a beginning and an end. And there we are living with it, dragging it out again and again, as many times "as necessary" -in inverted commas-.

    If we place ourselves in the perspective of the "beginning-less" and -consequently- "endless", there is no dragging of endings. There are contemplations and meditations of transformations.

    Even the most illustrious sages tell us that matter is neither created nor destroyed, but only transformed. And we accept it as a theory, without knowing what we have said; because, if it were accepted in consciousness, then we would enter into that prayerful perspective: "without beginning or end, we are eternalised in continuous transformations".

    And every dawn we are new beings. We have been corrected, in the dream, certain situations, so that... when the light shows itself, our eyes open.

    And yes, we have those commitments, duties, functions, yes. But... we are not the same.

    Making our being an art, through the prayer of praying... without searching for profit, but with a longing for identity, projects us to an aesthetic, careful, quality realisation.

    With that warmth with which the light envelops us.

    Of that quality with which the tenderness of living caresses us.

    To place ourselves in a flow of poetry, yes, where the gaze is an enchantment; the sigh, a longing; walk, a calmness; imagination, a fantasy. There is no friction. Everything flows in harmony!...

    Not to refuse the verse, to see oneself as an "everyday artist". To that verse we write with the reflect of love that we are... of the imagery of the Creative Mystery.

    We are witnesses to the listening, to the reading of events, that in turn, demands of us the testimony of an Art of Doing.

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    Como humanidad, y con los criterios dominantes, la especie está atravesando un momento delicado.

    Esos momentos suponen confusión, tensión, violencia.

    Confusión, tensión y violencia que hacen que las ideas se pongan en duda –cualquiera; de cualquier tipo-; tensión en las relaciones sociales y violencia en cuanto al hábitat cotidiano.

    La Llamada Orante nos reclama nuestra ascendencia-descendencia de lo Eterno, en donde no hay confusión, en donde la tensión es expansión y donde la violencia es bondad.

    La confusión procede del personalismo, el radicalismo que la evolución de la especie ha ido desarrollando para instaurar cada uno su poder.

    Es preciso, ante la confusión, retomar la convicción de los ideales…, hacerse servidor de la Fe… y apartar el juicio continuo y permanente de todo lo que nos rodea.

    Así alcanzaremos a ser luz que ilumina nuestro sendero, y aclara y ayuda al sendero de otros.

    El juicio, el prejuicio y la condena son motivos de permanente confusión.

    El vivir en tensión más o menos continua o permanente, con la idea de querer abordar, acaparar y solucionar todo, es una forma egoísta y hedonista de proceder.

    Nuestro Universo, nuestra constitución, es ritmo, es sintonía, es coherencia.

    La tensión se produce cuando el ser ocupa los espacios de otros, cuando ocupa la respuesta de otros.

    Esa tensión se manifiesta, en lo cotidiano, en ese estrés que “consume” al ser. Se aparta del ritmo, se aparta de la sintonía, se aparta del respeto al entorno.

    La Llamada Orante nos reclama la necesidad del sosiego, la necesidad de la calma, la necesidad del ritmo.

    Nos recuerda nuestra pequeñez. Nos advierte de que la tensión culmina con las rupturas. Y así, debemos optar por desarrollar actitudes de sintonía, de adaptación, de simpatía…

    Saber ver la bondad ajena.

    Ejercitarse en la admiración de las acciones de los otros.

    Asumir con humildad nuestros haceres.

    Hacer del servicio una actitud que permita la confianza mutua.

    El Misterio Creador nos desborda con sus bondades. Nos da los recursos de nuestras consciencias, para que seamos fieles en el ejercicio del amar.

    Y en ese ejercicio de amar, al sentirnos amados por la Creación, somos capaces de “reflejar”: como hace la luna, con la luz del sol que recibe, así nosotros reflejamos el amor que, con la naturaleza de la vida, nos proporciona diariamente.

    El desarrollo de la especie, apartándose progresivamente del Misterio Creador, ha demostrado la eficacia del logro a través de la violencia. Y así, en lo cotidiano, todo lo que “se quiere” se hace poder. Y ese poder se convierte en una manifestación de violencia: violencia en la consciencia, violencia en las palabras, violencia en la forma de actuar, violencia desentendiéndose de las exigencias, de las acciones. Esa violencia pasiva que mira hacia otro lugar, cuando le toca afrontar las dificultades.

    Todo poder lleva consigo el ejercicio de la violencia.

    Desprenderse del poder y la violencia consiguiente, en cada una de las partes que nos corresponden, es una tarea urgente.

    La vida se instaura y brota sin poder, sin violencia.

    La luz del amanecer no llega bruscamente, violentamente; lo hace con suavidad, lo hace con elegancia, lo hace con el respeto a lo viviente. Y es así que la vida se modula como la ola del mar. Se adapta, aporta y se muestra con su mejor virtud. 

    Cuando nos guiamos por las evidencias de nuestras capacidades, no hay conflicto.

    Cuando actuamos bajo el deber enamorado del servicio, no hay necesidad de poder.

    Cuando es precisa la sinceridad y la claridad del rigor, no es necesaria la violencia.

    El respeto mutuo en las diferencias tendencias debe ser un continuo convivir. “Con-vivir”.

    El ejercicio de nuestro estar debe ser el agrado. El hecho de sentirnos vivos supone una permanente gratificación: unas gracias por nuestros sentidos, unas gracias por nuestros latidos, unas gracias por nuestras imaginaciones. Todo ello nos lo han dado sin confusión, sin tensión, sin violencia.

    No somos lo que somos para ejercitar el poder violento de la conquista.

    Han adiestrado, han enseñado a nuestra consciencia, que el logro, la consecución, solo se obtienen a través del poder y el ejercicio de la violencia; del ejercicio de esa “guerra” de ideas, proyectos, puntos de vista… y un largo etcétera que parece “normal”.

    Esa “normalidad” de la que se habla, es el ejercicio solapado de un poder violento en el que cada ser busca tener su parcela.

    El Misterio Creador nos colma con el derroche de la belleza. Sí: la belleza, ese detalle que debe ser ejercitado continuamente en nuestra labor, es el fluido que suaviza; es el aceite de vida.

    Cierto es que, para cada ser, la belleza representa y se muestra de formas diferentes. Pero cuando se ejerce con intención, con convicción, sea cual sea el tipo de belleza, ésta no hiere, no daña, no impone.

    Todo lo creado supone una expresión de belleza.

    Y es así, en consecuencia, que el ser de humanidad ha de expresarse con esa “naturaleza”.

    Así, el agobio del poder y la violencia, no encontrarán espacio para cortar, herir, dañar…

    Es necesario convertir esa tensión, esa violencia, esa confusión… convertirla en un testimonio que, adornado por la belleza, sea una respetuosa forma de amor.

    Hacer, de nuestro estar y de nuestro hacer, un bálsamo permanente. Que el cuido, el cuidar, el cuidarse, sea una actitud… imprescindible.

    Que asumamos el reconocer y el reconocernos, como una admiración mutua. Resaltar las virtudes, no los teóricos defectos.

    Cada ser, desde su pequeñez, debe asumir con humildad el acontecer de la vida.

    Al asumir la vida como una responsabilidad en ejercicio, nos debemos al servicio.

    Y asumir la vida como una necesidad de servicio, implica la sutil elegancia de la belleza y el gozo de compartirla.

    ***

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  •  

    As humanity, and with the prevailing criteria, the species is going through a delicate moment.

    These moments involve confusion, tension, violence.

    Confusion, tension and violence that put ideas -any ideas, of any kind- in doubt; tension in social relations and violence in terms of the everyday habitat.

    The Praying Call reclaims our ancestry-descent from the Eternal, where there is no confusion, where tension is expansion and where violence is goodness.

    The confusion comes from selfishness, radicalism that evolution of the species has developed in order to establish each individual's power.

    It is necessary, in the face of confusion, to take up again the conviction of ideals..., to become a servant of the Faith... and remove the continuous and permanent judgement of all that surrounds us.

    In this way we will become light that illuminates our path, and enlightens and helps the path of others.

    Judgement, prejudice and condemnation are reasons for permanent confusion.

    Living in more or less continuous or permanent tension, with the idea of wanting to tackle, monopolise and solve everything, is a selfish and hedonistic way of proceeding.

    Our Universe, our constitution, is rhythm, is harmony, is coherence.

    Tension occurs when the being occupies the spaces of others, when it occupies the response of others.

    This tension manifests itself, in everyday life, in the stress that "consumes" the being. It strays from rhythm, it strays from harmony, it strays from respect for the environment.

    The Prayerful Call calls us to the need for tranquillity, the need for calm, the need for rhythm.

    It reminds us of our smallness. It warns us that tension culminates in ruptures. And so, we must choose to develop attitudes of harmony, adaptation, sympathy...

    Knowing how to see the goodness of others.

    Exercise in admiration of the actions of others.

    Assuming our actions with humility.

    Making service an attitude of mutual trust.

    The Creator Mystery overflows us with its goodness. It gives us the resources of our consciousness, so that we may be faithful in the exercise of loving.

    And in this exercise of loving, by feeling loved by Creation, we are able to "reflect": as the moon does, with the sunlight it receives, so we reflect the love that, with the nature of life, it provides us daily.

    The development of the species, progressively moving away from the Creator Mystery, has demonstrated the efficacy of achievement through violence. And so, in everyday life, everything that is "wanted" becomes power. And this power becomes a manifestation of violence: violence in the conscience, violence in words, violence in the way of acting, violence by ignoring demands and actions. That passive violence that looks elsewhere when it is time to face difficulties.

    All power carries with it the exercise of violence.

    To get rid of power and the violence that goes with it, in every part of our lives, is an urgent task.

    Life is established and springs forth without power, without violence.

    The light of dawn does not come abruptly, violently; it comes gently, it comes elegantly, it comes with respect for the living. And so it is that life modulates like the wave of the sea. It adapts, contributes and shows its best virtue. 

    When we are guided by the evidence of our capabilities, there is no conflict.

    When we act out of duty in love with service, there is no need for power.

    When sincerity and clarity of rigour are required, there is no need for violence.

    Mutual respect in different tendencies must be a continuous coexistence. "Live -together ".

    The exercise of our being must be pleasing. The fact of feeling alive is a permanent gratification: thanks for our senses, thanks for our heartbeats, thanks for our imaginations. All this has been given to us without confusion, without tension, without violence.

    We are not what we are to exercise the violent power of conquest.

    They have trained us, they have taught our conscience that achievement, attainment, can only be obtained through power and the exercise of violence; through the exercise of that "war" of ideas, projects, points of view... and a long etcetera that seems "normal".

    That "normality" of which we talk about is the underhand exercise of a violent power in which each being seeks to have his or her share.

    The Creative Mystery fills us with the outpouring of beauty. Yes: beauty, that detail that must be continuously exercised in our work, is the fluid that softens; it is the oil of life.

    It is true that, for each being, beauty represents and shows itself in different ways. But when it is exercised with intention, with conviction, whatever the type of beauty, it does not hurt, it does not harm, it does not impose.

    Everything created is an expression of beauty.

    And it is thus that the being of humanity has to express itself with this "nature".

    In this way, the burden of power and violence will not find space to cut, to hurt, to damage...

    It is necessary to turn this tension, this violence, this confusion... to turn it into a testimony that, adorned with beauty, is a respectful form of love.

    To make our being and our doing a permanent balm. May care, taking care, caring for oneself be an attitude... essential.

    That we take on the recognition and acknowledgement of each other as mutual admiration. Highlight the virtues, not the theoretical defects.

    Each being, from its smallness, must humbly assume the event of life.

    By taking on life as an ongoing responsibility, we owe ourselves to service.

    And assuming life as a necessity of service implies the subtle elegance of beauty and the joy of sharing it.

    ***

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    Y el vivir, el vivir se hace en recuerdos de cada día.

    Y cada instante transcurrido se queda impreso en el ánima del ser… como si fuera una vianda para algún momento de penuria o necesidad. Y, a la vez, vamos regando recuerdos que el entorno tiene de nosotros.

    Y así, los recuerdos y el recuerdo se convierten en alimento, cuando no en tormento. De ahí la necesidad de dirimir qué recuerdos son alimento, y cuáles son pesadas cargas de tormento.

    La Llamada Orante nos lleva a los recuerdos de Infinito; sí, esos que dejan de ser recuerdos; que siempre se hacen presentes –por ponerles una localización-.

    En los recuerdos de lo Eterno no hay tiempo. Entonces no hay recuerdos, porque no hay pasado, ni presente, ni futuro. Hay “eternidades”.

    Y esta palabra, que nos desborda en cuanto a su significado, es una palabra de liberadas disposiciones…, puesto que, al no precisar del tiempo, todo ha pasado y todo pasa a la vez. Sí, es como decir que todo lo que está ocurriendo ya pasó, pero a la vez está ocurriendo.

    No es preciso ahondar en la razón y en el saber; es… instinto de eternidad, lo que nos debe proveer. Y en ese instinto de eternidad, los recuerdos se hacen eternos. Todo lo que transcurre es eterno. Es la manifestación de lo infinito.

    Si hacemos del vivir una eterna presencia, dejaremos de acumular, de olvidar, de retener… Cohabitaremos con lo imprescindible, lo necesario y lo preciso para la demanda de auxilio.

    Es difícil de entender, cuando la norma reclama “seguro”, cuando la norma demanda exigencias.

    Es evidente que la concepción de… el estar, del vivir, que ha ido gestando la sapiencia humana, se ha hecho limitante, limitada. Se ha hecho aparente. No ha consensuado con la Eternidad, con lo Infinito. Se ha relamido en su sapiencia, en su tenencia, en su capacidad. Y todo ello para luego claudicar.

    Y, a base de repetir, se ha creado la consciencia de “empezar” y “terminar”. Y ahí no hay eternidad. Ahí no está la infinitud.

    La Llamada Orante nos incita a posicionarnos en el vivir, sin “empezar” ni “terminar”. Cambiar las coordenadas por “infinitud” y “eternidad”.

    Así nos liberamos del corsé de que todo es caduco, de que todo es deterioro, de que… como se suele decir: “Al final…”.

    Experimentar, en el estar-haciendo-sintiendo y pensando, que habito en la infinitud, que me ha traído para cumplir, para ejercitarme, para realizarme en lo Eterno, que sería la Vida: “La Vida Eterna”.

    Parecen dos cosas: Infinitud y Eternidad. En realidad es la misma, pero para desligarnos de la esclavitud de los recuerdos –y dejarlos en pasado-, y del principio y el fin…, debemos hacer un paso previo de Infinito y Eterno, antes de acceder a la inimaginable contemplación.

    Así que transcurro en un Infinito y me concreto en una Eternidad.

     Transcurro en un Infinito y me concreto en una Eternidad.

    Y todo acontecer desligado del tiempo, me nutre. Y con ello evoluciono, creativizo mi presencia… y me dispongo a mi servicio: al que me corresponde, que es siempre más y más del que puedo pensar.

    Y el Infinito me inspira. En realidad, respira por mí. En realidad… nunca he existido. He sido una refleja luminaria del Misterio Creador. Pero, puestos a estar, la Eternidad nos acompaña. Y puestos a asumir nuestra “cobertura” material, hacemos del recuerdo una actualidad… y nos hacemos recuerdos de otros, para otros… desprendiéndonos de lo superfluo, lo condicionante, lo acondicionado.

    Sí. Los silencios se hacen eternos. Y los instantes, infinitos.

    Cuando la Oración nos transporta a estas vibraciones, es fácil entrar en contradicciones o en intentos de comprensión, de entendimiento y de razón; o bien, situarse en una burbuja, como un paréntesis, sabiendo que, lo que nos dicen, “en realidad no es así”.

    Se ha de estar alerta. Y puesto que nos llaman a orar, debemos asumir esa posibilidad, ¡al menos! Y no se trata de estar o no de acuerdo. La oración no se negocia; ¡se vive!

    Y la Llamada y el Sentido Orante que nos adornan… son experiencias de Universo; posicionamientos de día a día; alimento de evolución; capacitaciones permanentes.

    Al asumir la expresión de lo Eterno a través del silencio, podemos escuchar los cantos de las piedras… los chistes de las plantas… las baladas del agua… el susurro de las estrellas…

    Con el comienzo infinito y la presencia eterna, nuestra vocación de realizar, desde lo material hasta lo inmaterial, se hace con la pulcritud y la calidad de un “siempre”.

    Un “siempre” que es el sí de aceptarnos, de aceptar el transcurrir, el acontecer… sin el ánimo banal de la contienda, la posesión, el gusto o el disgusto; más bien, con una participación, ¡siempre!, que se destila de lo Eterno que comenzó en el Infinito.

    Y así podemos decir que somos trovadores de infinitas leyendas, que transitan eternamente… y se hacen presentes según necesidades.

    En el “siempre”-“eterno”-“infinito”, recogemos tres palabras que nos evaden de la costumbre, de la repetición; que evocan siempre la innovación: esa textura de calidad, que nos sorprende, que nos impresiona, que nos produce admiración.

    ***

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  •  

    And living, living is made in memories of each day.

    And each elapsed moment remains imprinted in the soul of the being... as if it were food for some moment of hardship or need. And, at the same time, we are watering memories that the environment has of us.

    And so, memories and recollection become food, if not torment. Hence the need to decide which are food and which are heavy burdens of torment.

    The Praying Call takes us to the memories of Infinite; yes, those that cease to be memories; that are always present -just to give them a location.

    In the memories of the Eternal there is no time. So, there are no memories, because there is no past, no present, and no future. There are "eternities".

    And this word, which overwhelms us in its meaning, is a word of liberated dispositions..., since, time is not precise, everything has happened and everything happens at the same time. Yes, it is like saying that everything that is happening has already happened, but at the same time it is happening.

    It is not necessary to delve into reason and knowledge; it is... instinct of eternity, which should provide us. And in this instinct of eternity, memories become eternal. Everything that happens is eternal. It is the manifestation of the infinite.

    If we make out of living an eternal presence, we will stop accumulating, forgetting, retaining... We will cohabit with what is indispensable, necessary and precise for the demand for help.

    It is difficult to understand, when the norm calls for "security", when the norm calls for demands.

    It is evident that the conception of... being, of living, that has been gestated by human wisdom, has become limiting, limited. It has become appearance. It has not reached a consensus with Eternity, with the Infinite. It has indulged in its wisdom, in its possession, in its capacity. And all this at the end, just to give up.

    And, through repetition, the consciousness of "beginning" and "ending" has been created. And there is no eternity there. There is no infinitude.

    The Prayerful Call urges us to position ourselves in living, without "beginning" or "ending". Changing coordinates to "infinitude" and "eternity".

    This is how we free ourselves from the corset of everything expires, that everything is decaying, that... as they say: "In the end...".

    To experience, in being-doing-feeling and thinking, that I dwell in the infinitude, which has brought me to fulfil, to exercise, to realise myself in the Eternal, which would be Life: "Eternal Life".

    They seem to be two things: Infinitude and Eternity. Actually, it is the same, but in order to free ourselves from the slavery of memories -and leave them in the past-, and of the beginning and the end..., we must make a previous step of Infinity and Eternity, before accessing the unimaginable contemplation.

    So, I pass in an Infinite and I become concrete in an Eternity.

    I pass in an Infinite and I become concrete in an Eternity.

    And all events detached from time nourish me. And with it, I evolve, I creativize my presence... and I make myself available to my service: the one that corresponds to me, which is always more and more than I can think of.

    And the Infinite inspires me. Actually, it breathes for me. In reality... I have never existed. I have been a reflected luminary of the Creator Mystery. But, if we are to be, Eternity accompanies us. And if we are to assume our material "coverage", we make of memory an actuality... and we make ourselves memories for others, for others... detaching ourselves from the superfluous, the conditioning, the conditioned.

    Yes, silences become eternal And the moments, infinite.

    When Prayer transports us into these vibrations, it is easy to enter into contradictions or attempts at understanding, comprehension and reason; or rather to place ourselves in a bubble, like a parenthesis, knowing that what we are told is "not really so".

    We must be alert. And since we are called to pray, we must at least accept that possibility! And it is not a matter of agreeing or disagreeing. Prayer is not negotiated; it is lived!

    And the Call and the Praying Sense that adorns us... are experiences of the Universe; day to day positioning; evolutionary nourishment; on-going training.

    By assuming the expression of the Eternal through silence, we can hear the songs of the stones... the jokes of the plants... the ballads of the water... the whisper of the stars...

    With the infinite beginning and the eternal presence, our vocation to get things done, from the material to the immaterial, is done with the neatness and quality of an "always".

    An "always" that is the yes to accept ourselves, to accept the passing, the happening... without the banal spirit of contention, possession, liking or disliking; rather, with a participation, always!, that is distilled from the Eternal that began in the Infinite.

    And so, we can say that we are troubadours of infinite legends, who travel eternally... and become present according to need.

    In the "always"-"eternal"-"infinite", we gather three words that evade us from habit, from repetition; that always evoke innovation: that texture of quality, that surprises us, that impresses us, that produces admiration in us.

    ***

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PRAYER

The prayer we practice does not belong to any religion. We believe prayer can be a liberating and healing instrument. It is referenced in Creation and, without naming them, in the different Forces that animate us. Our belief that prayer is an essential element, led us to create a space dedicated exclusively to prayer: “The House of the Sound of Light” located in a farmhouse in the Basque Country, in the province of Vizcaya. There, prayer encounters and retreats are held.

LA CASA DEL SONIDO DE LA LUZ

LA CASA DEL SONIDO DE LA LUZ
“La Casa del Sonido de la Luz” ARGI DOINU ETXEA se encuentra en la localidad de Ea, Vizcaya. Un espacio abierto para los alumnos de la Escuela Neijing, los cuales pueden realizar estancias de 1 a 5 días.
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