El manejo del miedo es propio de la civilización dominante

 

El temor, parece que desde que… –supongamos- salieron Adán y Eva del paraíso, se instauró en la especie por los castigos que vendrían. Y este temor se fue haciendo, poco a poco, miedo. Y a partir de ahí, oscilaba. De vez en cuando saltaba al terror… y, a veces –a veces-, saltaba al horror.

El temor de Dios era considerado propio y natural: como criaturas creadas que, en base a ese temor, corrigen sus defectos… y son premiados y castigados según su acontecer.

En la medida en que el ser comienza a conocer, a saber, a entender, a explicarse con autonomía, va dejando paulatinamente el juicio de Dios… –dejándolo allí, en un escondite- casi para cuando llegara el horror.

Y es así que, el miedo, fue poco a poco considerado como una señal de alerta, de cuidado, de atención al medio…

“El miedo guarda la viña” –dice el dicho-.

Pero ya no era tanto el miedo hacia lo Divino, sino miedo hacia… lo homólogo, hacia la propia especie. Fundamentalmente. Los depredares teóricos estaban controlados, dominados o domesticados, o encerrados en un zoo… lógico.

Y es así como –dice la literatura- “el hombre se hace un lobo para el hombre”. E, increíblemente, el principal depredador de la humanidad es la propia humanidad.

El Sentido Orante nos sitúa en ese plano, para que contemplemos cómo… nuestra relación con el medio, a través del miedo, ha trastocado los más elementales ecosistemas. Y sí, sí, sí: había miedo a escapes nucleares, a bombas nucleares; había miedo… –bueno, “había”; hay- a las guerras económicas; había –y hay- miedo… a la guerra bacteriológica; había –y hay- miedo… a los sunamis y demás desastres naturales.

Pareciera como si volviéramos a otras épocas, con otros protagonistas, pero con semejantes miedos o terrores u horrores.

Por otra parte, el miedo se declaró libre por la propia especie; con lo cual, cada uno tenía el derecho a sentir miedo por cualquier situación.

Y es así que en la configuración de los caracteres –o del carácter, para ser más exacto- y, sobre todo, en la evolución de la consciencia, el miedo está ahí como un gen saltarín, oportunista… que garantiza –fíjense bien- la seguridad.

Sin el miedo, no hay medidas de seguridad. Y si no hay medidas de seguridad, ¡horror!...

Se esgrimía –y se esgrime- la teoría de la desaparición –al menos mayoritariamente- de la especie: la extinción; en la que ya no se contemplaban extinciones de dinosaurios o de otros, sino que ahora se incluía, por esos miedos, al ser humano. Evidentemente, el estilo progresivo de autoridad, dominio, control… que ejerce el ser humano sobre todas las especies y sobre sí misma, ese estilo de vivir va a generar suficientes miedos, terrores u horrores, según proceda… Y, en consecuencia, va a desarrollar mecanismos de seguridad basados, obviamente, en el ataque.

Y así, hoy, la humanidad, al más puro estilo medieval, afronta un miedo general, un contagio de miedo que ya alcanza a más de cien países. Y que, sin duda, ya es historia. Ya ¡pasará a la historia!… quizás como la más inminente y evidente muestra de la extinción. Aunque –aunque- el número de decesos no supere las 350.000 personas. Pero, si nos fijamos, el trato dado a este miedo es suficientemente importante como para generalizarlo.

Ya, otros miedos asimilables como la tuberculosis, la sífilis… Y, obviamente, todas las “mosquiteras”, las que proceden del depredador más peligroso, que son los mosquitos –los más pequeñitos-; que, obviamente, gracias al estilo del ser humano, transportan, promueven y desarrollan, por ejemplo, la malaria.

.- ¿Hay miedo generalizado, terror y horror, por los miles de muertos de malaria cada año o cada trimestre o cada…?

.- No.

.- ¿Por qué no?

.- ¡Hombre!, porque eso se da en África y… ¡y en algún lugar de América!, pero…

.- ¡Ah!... El manejo del miedo es propio de la civilización dominante…

.- Y, ¿cómo, cómo combatir ese miedo? ¿Cómo asegurar la defensa?

.- “Aislando”. Al más puro estilo leproso. Al más puro estilo de peste, de cólera…

.- ¿No tenemos recursos para…?

.- ¡No!

.- ¿No hemos…?

.- ¡No!

Y es así como… –como prueba probablemente- se establece que el ser tenga miedo del otro ser. Pero de “el otro” es ”¡de todos!”.

Todos” es: hermanos, padres, amigos, conocidos…

Han sido suficiente apenas tres meses para crear un miedo global, un asilamiento general, una prohibición global… y a esperar…

Pareciera una plaga que va a pasar. Y seguramente así será; porque, de hecho, ya hay signos muy claros de que decrece.

Pero la especie ha quedado “sensibilizada” –nunca mejor dicho, en el amplio sentido de la palabra-. Y ha generado anticuerpos. ¡Qué nombre, ¿verdad?: “anti-cuerpos”. Nuestro cuerpo genera anticuerpos. Es muy científico, pero a la vez es muy social. Podemos llevarlo al terreno sociológico, político y económico.

La sensibilidad se ha exacerbado…

El miedo se ha hecho terror…

La defensa, en el nombre de la seguridad, se ha hecho aislamiento…

Y la especie se aísla de sí misma.

Y es curioso: a la hora de implementar medidas de ayuda o tratamiento, no encontramos ninguna, sino que encontramos… ayudas paralelas para otras posibles complicaciones que se generen.

¡Ah! Entonces, ¿debemos confiar en nosotros solamente? ¿En nuestro cuerpo, que genere anticuerpos?

¿Es el momento de llamar a ese escondite donde se tenía guardado el temor de Dios, para que venga a…? ¿O cómo confiar en uno mismo, si uno desconfía de todo lo demás?

.- ¡Ah!, es una buena pregunta.

Desconfío, critico y… ¡destrozo!... todo lo demás, y cuando algo pasa en mi ser, ¿puedo en mí confiar?

La desconfianza es… un género universal –¿no?- que gesta miedo, claro.

¡Ay!…

Es evidente que el control de la población de manera general, a través del miedo individual, tratado con medidas de seguridad, de aislamiento, como único elemento positivo ¡para cuidar! a los demás…

“Desconfiad de todos, y así cuidareis de vosotros mismos”.

 

Decían las escrituras: “¡Nuestro Auxilio es el Nombre del Señor!”.

Si ahora resulta que nuestro verdadero remedio son nuestros anticuerpos, y sobre ellos podemos actuar “relativamente”…

¿Cambiarán las previsiones en torno al estilo de vivir, merced a este aviso?

No.

En todo caso, el miedo será mayor, la sospecha será permanente, y la desconfianza será continua. Porque no se quedará sólo en el hecho en sí, actual, sino que se extenderá a todas las esferas de nuestra actividad. Con lo cual, buscaremos seguridad, seguridad y seguridad, “a cualquier precio”.

El Sentido Orante, a través de su llamada, nos hace buscar el Verdadero Auxilio…

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TIAN

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