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    Y el vivir se hace arte cuando, a través del orar, nuestra consciencia sintoniza con nuestro origen de Infinito…; con nuestro Misterio Creador. Que al decir “nuestro” no indica ninguna pertenencia, sino simple referencia.

    Y así nos hacemos arte de vivir, al meditar lo orante y al contemplar lo que transcurre.

    Así hacemos arte en las diferentes acciones, y nuestra consciencia se hace transcendente, asume el Misterio… y elabora la lectura que ello supone. Y nos libera del protagonismo del “mí-mismo” reclamante, que nunca está satisfecho; que siempre está demandante… porque se ha hecho referencia a sí mismo.

    Si nuestra referencia es la Eternidad y no la consciencia finita del principio y final, nuestro vivir se convierte en un testimonio de ese Amor que nos mantiene, nos entretiene, nos guía, nos orienta.

    La Llamada Orante incide en nuestra posición, en nuestra dis-posición con respecto a las demandas que nos rodean.

    Y ahí no caben las peticiones y las decisiones de gustos, de imposiciones o de ofertas.

    Estas ocurren y se dan cuando el ser se referencia en sí mismo e impone sus haceres, sus actitudes, con independencia de si son necesarias, demandantes, reales o no.

    Las consecuencias de la consciencia de la infinitud de lo Eterno, plasmado en el vivir, nos abren hacia actitudes, acciones y realizaciones que no emanan de nuestra preparación, de nuestra cultura, de nuestras costumbres. Emanan de la inspiración de… esa chispa de casualidad, ese momento de incertidumbre, ese instante imprevisto, ese flash que nos deslumbra… que no tiene explicación; que carece de razón. Y es ahí donde el Amor abunda.

    Pero se hace el ser ¡tan personal! –personal-… que se invagina en su pensar, se envuelve sobre sí… y sólo mira su ególatra satisfacción, que transcurre, que corre, que se agota.

    Y habitualmente el ser se aísla en su reflexión y en su referencia, y queda remitido a la vulgar acción de cotidiana obediencia a lo establecido, a lo previsto, a lo ordenado, a lo esclavista… Y esclaviza. Obedece a sus tendencias, y no a la disposición de sus vivencias y creencias.

    Cuando el orar se hace vehículo de nuestra constancia de Universo, y nuestro vivir se hace un arte en la realización, en esa vibrante consciencia no cabe el miedo y la preocupación.

    Estamos en permanente expansión, ejercitándonos en la excepcionalidad, en la originalidad…; en lo que realmente somos: enviados servidores de la vida… embarcados en un Misterio que nos da el aliento vital, que nos coordina y nos orienta en el vuelo de las mariposas, en el amanecer, en el atardecer, en la suerte. En ese enamorado momento en el que el sentir está pleno… pero que precisa mantenerse en esa consciencia de plenitud.

    Y es ahí cuando el ser abandona sus tendencias, pertenencias, inclinaciones, reclamos… y se hace liberado, y en esa disposición hacia lo verdaderamente necesitado.

    Porque es fácil convertirse en limosna o en alivio de aquello o de aquél. Y es gratificante para el ego. Pero precisa del protagonismo. No asume el anonimato.

    Se ha ido ordenando, el vivir, con reclamos, ganancias, pérdidas, promociones: proyectos que buscan el reclamo del aplauso… sin deparar en el despertar de cada día; sin deparar en los dones de nuestra naturaleza; sin deparar en las oportunidades, ocasiones, circunstancias, momentos… en los que la Providencia nos aquilata, nos abrillanta, para que seamos decididos liberados. Y no escapistas de turno… de los que buscan las rentas, los beneficios, las ganancias, y siempre la huida “por seguridad”. En realidad, es por egoísmo y por hedonismo personal.

    Y no es difícil darse cuenta de todo ello, pero tiene tal nivel de posesión, que el ser olvida que está inmerso en un Universo Creador… y que su posesión no modificará ni un ápice ese Universo que… se hace incógnita, pero a la vez se hace cosecha permanente.

    El Misterio Creador nos permite, a través de la oración, del meditar sobre ella, del contemplar el transcurrir…, nos permite la consciencia de vida, sin llegar a definirla. Porque si pudiéramos –¡ay, con el poder!- definir la vida, se haría finita. Y eso es lo que suele ocurrir en la consciencia ordinaria: que el acontecer se hace finito: “¡Ah! Esto empieza y esto termina”.

    Y eso hace que el ser se distorsione, se deteriore, se haga roce de herida.

    Va convirtiendo el vivir en un consumo: “¡Ah! Esto empieza y termina…”. Sí; porque ya no responde a mi egolatría personal, social, cultural, ambiental, argumental…

    Y así el ser, en su vulgaridad ególatra, empieza y termina, empieza y termina, empieza y termina…

    Y, claro, acumula ¡tantas! terminaciones, que se hace un fiel creyente de que todo tiene un principio y un fin.

    Él mismo, en consciencia, va elaborando ese proyecto, hasta culminarlo en la observación material, en la que se muestra una foto de la infancia y una foto de la vejez… y así demuestra claramente –¿claramente?- que todo tiene un principio y un fin.

    Y resulta que no sabemos nada del principio, y el fin se diluye en particiones, en componentes. Con lo cual, realmente, la teoría práctica de la vulgaridad cotidiana se puede quedar satisfecha, sí, pero sin recursos ‘con-vin-cen-tes’.

    Si resulta que –nos dice la Llamada Orante- no tenemos principio ni fin, porque somos una ideación del Misterio Creador…

    Que, por mucho que queramos especular en nuestra mente, no vamos a entrar en él. En cambio, si lo asumimos, sentimos la complacencia permanente de su asistencia Providencial.

    Y así como nos atrevemos a decir, científicamente, cuándo comenzó el universo, cuándo terminará, cómo será… Es una forma de no atreverse a ser amante jamás, sino a ser “una morcilla constitucional”: esa que va queriendo, va cogiendo, va soltando…; esa que termina concibiendo que todo es un desperdicio. Y en su esclavitud, termina por demostrar que es así, cuando no se abre la consciencia a otra realidad.

    ¡Y no hay que teorizar ni especular mucho! Es tan solo en base a nuestra mínima             –¡mínima!- consciencia de saber dónde más o menos estamos –que no lo sabemos-. Pero ahí, suspendidos, como dicen los tratados antiguos: “Habitamos suspendidos en la Creación”.

    Es suficiente con ver las estrellas o… con sentir el Ama-necer. No hace falta más. Lo demás, bajo la visión vulgar, lo acotamos, lo limitamos.

    Y por motivos operativos de posesión, de querencias, ponemos un principio y un fin. Y a vivir con ello, arrastrándolo una vez y otra, y las veces “que haga falta” –entre comillas-.

    Si nos situamos en la perspectiva del “sin principio” y –en consecuencia- “sin fin”, no hay arrastre de terminaciones. Hay contemplaciones y meditaciones de transformaciones.

    Si hasta los sabios más ilustres nos dicen que la materia ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma. Y lo aceptamos como teoría, sin saber lo que hemos dicho; porque, si se aceptara en consciencia, pues entraríamos en esa perspectiva orante: “sin principio ni fin, nos eternizamos en continuas transformaciones”.

    Y cada amanecer somos nuevos seres. Nos han corregido, en el sueño, determinadas situaciones, para que… cuando la luz se muestre, nuestros ojos se abran.

    Y ¡sí!, tenemos esos compromisos, deberes, funciones, sí. Pero… no somos los mismos.

    Hacer de nuestro estar un arte, por la plegaria de orar… sin búsqueda de renta, sino con ansia de identidad, nos proyecta a una realización estética, cuidadosa, de calidad.

    Con esa calidez con la que la luz nos arropa.

    De esa calidad con que la ternura del vivir nos acaricia.

    Situarnos en un transcurrir de poesías, sí, en donde la mirada es un encanto; el suspiro, un anhelo; el andar, un sosiego; el imaginar, una fantasía. No hay nada que friccione. ¡Todo fluye en sintonía!...

    No negarse al verso, al verse “artista de cada día”. A ese verso que escribimos con el amor reflejo que somos… de la imaginería del Misterio Creador.

    Testigos somos de las escuchas, de las lecturas del acontecer que, a su vez, nos reclama el testimonio de un Arte de Hacer.

    ***

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  •  

    And living becomes art when, through prayer, our consciousness is attuned to our origin of Infinity...; to our Creator Mystery. By saying "our" does not refer to any belonging, but simple reference.

    And so, we become the art of living, meditating on the prayerful and contemplating what is happening.

    Thus, we make art in the different actions, and our consciousness becomes transcendent, assumes the Mystery... and elaborates the interpretation that this entails. And it frees us from the very demanding leading role, which is never satisfied; which is always demanding... because it has made reference to itself.

    If our reference is Eternity and not the finite consciousness of beginning and end, our living becomes a testimony of that Love which sustains us, entertains us, guides us, and orientates us.

    The Prayer Call affects our position, our dis-position with respect to the demands around us.

    And there is no room for requests and decisions based on taste, impositions or offers.

    These occur when the being takes reference to itself and imposes its actions, its attitudes, regardless of whether they are necessary, demanding, real or not.

    The consequences of consciousness of the infinitude of the Eternal, embodied in living, open us to attitudes, actions and realisations that do not emanate from our preparation, our culture, our habits. They emanate from the inspiration of... that spark of chance, that moment of uncertainty, that unforeseen moment, that flash that dazzles us... that has no explanation; that lacks reason. And that is where Love abounds.

    But the being becomes so personal! –personal-… that is invaginates in its thinking, wraps itself around itself... and only looks at its own egotistical satisfaction, which passes, which runs, which exhausts itself.

    And habitually the being isolates itself in its reflection and its reference, and is reduced to the vulgar action of daily obedience to what is established, to what is foreseen, to what is ordered, to what is enslaved... And it enslaves. It obeys its tendencies, and not the disposition of its experiences and beliefs.

    When prayer becomes the vehicle of our perseverance of the Universe, and our living becomes an art of realisation, fear and worry do not fit in that vibrant consciousness.

    We are constantly expanding, exercising ourselves in exceptionality, in originality...; in what we really are: sent servants of life... embarked on a Mystery that gives us vital breath, that coordinates us and guides us in the flight of butterflies, at dawn, at sunset, in luck. In that loving moment in which the feeling is full... but needs to be maintained in that consciousness of fulfilment.

    And it is there when the being abandons its tendencies, belongings, inclinations, claims... and becomes liberated, and in this disposition towards the truly needed.

    Because it is easy to become alms or relief for that thing or that one. And it is gratifying for the ego. But it requires a leading role. It does not assume anonymity.

    Living has been ordered, with claims, profits, losses, promotions: projects that seek the claim of applause... without taking into account the awakening of each day; without taking into account the gifts of our nature; without taking into account the opportunities, occasions, circumstances, moments... in which Providence shines us, polishes us, so that we may be decidedly liberated. And not escapists... those who seek gain, benefits, profits, and always flee "for safety". In reality, it is for selfishness and personal hedonism.

    And it is not difficult to realise all this, but it has such a level of possession, that the being forgets that it is immersed in a Creator Universe... and that its possession will not modify this Universe one iota, which... becomes unknown, but at the same time permanent harvest is made.

    The Creator Mystery allows us, through prayer, through meditating on it, through contemplating the passing..., it allows us the consciousness of life, without defining it. Because if we could -oh, power!- define life, it would become finite. And that is what usually happens in ordinary consciousness: that the event becomes finite: "Ah, this begins and this ends".

    And that causes the being to become distorted, to deteriorate, to rub against a wound.

     It turns living into consumption: "Ah, this begins and ends...". Yes; because it no longer responds to my personal, social, cultural, environmental, argumentative egomania...

    And so, the being, in its egomaniacal vulgarity, begins and ends, begins and ends, begins and ends...

    And, of course, it accumulates so many endings that it becomes a faithful believer that everything has a beginning and an end.

    It itself, consciously, elaborates this project, until it culminates in the material observation, in which a photo of childhood and a photo of old age are shown... and thus clearly demonstrates -clearly?- that everything has a beginning and an end.

    And it turns out that we know nothing of the beginning, and the end is diluted in partitions, in components. So, really, the practical theory of everyday vulgarity can be satisfied, yes, but without 'con vin-cing' resources.

    If it turns out that -the Praying Call tells us- we have no beginning and no end, because we are an ideation of the Creative Mystery...

    That, however much we may want to speculate in our minds, we will not enter into it. Instead, if we assume it, we feel permanent satisfaction of its Providential assistance.

    And just as we dare to say, scientifically, when the universe began, when it will end, what it will be like... It is a way of never daring to be a lover, but rather to be "a constitutional blood pudding": the one that wants, takes, releases...; the one that ends up conceiving that everything is a waste. And in its slavery, it ends up proving that this is so, when consciousness does not open to another reality.

    And there is no need to theorise or speculate too much! It is only based on our minimal consciousness –minimal- of knowing where more or less we are -which we don't know. But there, suspended, as ancient treatises say: "We dwell suspended in Creation".

    It is enough to see the stars or... to feel the Loving dawn. No more is needed. The rest, under the vulgar vision, we limit it, we curb it.

    And for operative reasons of possession, of desires, we set a beginning and an end. And there we are living with it, dragging it out again and again, as many times "as necessary" -in inverted commas-.

    If we place ourselves in the perspective of the "beginning-less" and -consequently- "endless", there is no dragging of endings. There are contemplations and meditations of transformations.

    Even the most illustrious sages tell us that matter is neither created nor destroyed, but only transformed. And we accept it as a theory, without knowing what we have said; because, if it were accepted in consciousness, then we would enter into that prayerful perspective: "without beginning or end, we are eternalised in continuous transformations".

    And every dawn we are new beings. We have been corrected, in the dream, certain situations, so that... when the light shows itself, our eyes open.

    And yes, we have those commitments, duties, functions, yes. But... we are not the same.

    Making our being an art, through the prayer of praying... without searching for profit, but with a longing for identity, projects us to an aesthetic, careful, quality realisation.

    With that warmth with which the light envelops us.

    Of that quality with which the tenderness of living caresses us.

    To place ourselves in a flow of poetry, yes, where the gaze is an enchantment; the sigh, a longing; walk, a calmness; imagination, a fantasy. There is no friction. Everything flows in harmony!...

    Not to refuse the verse, to see oneself as an "everyday artist". To that verse we write with the reflect of love that we are... of the imagery of the Creative Mystery.

    We are witnesses to the listening, to the reading of events, that in turn, demands of us the testimony of an Art of Doing.

    ***

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  •  

    Como humanidad, y con los criterios dominantes, la especie está atravesando un momento delicado.

    Esos momentos suponen confusión, tensión, violencia.

    Confusión, tensión y violencia que hacen que las ideas se pongan en duda –cualquiera; de cualquier tipo-; tensión en las relaciones sociales y violencia en cuanto al hábitat cotidiano.

    La Llamada Orante nos reclama nuestra ascendencia-descendencia de lo Eterno, en donde no hay confusión, en donde la tensión es expansión y donde la violencia es bondad.

    La confusión procede del personalismo, el radicalismo que la evolución de la especie ha ido desarrollando para instaurar cada uno su poder.

    Es preciso, ante la confusión, retomar la convicción de los ideales…, hacerse servidor de la Fe… y apartar el juicio continuo y permanente de todo lo que nos rodea.

    Así alcanzaremos a ser luz que ilumina nuestro sendero, y aclara y ayuda al sendero de otros.

    El juicio, el prejuicio y la condena son motivos de permanente confusión.

    El vivir en tensión más o menos continua o permanente, con la idea de querer abordar, acaparar y solucionar todo, es una forma egoísta y hedonista de proceder.

    Nuestro Universo, nuestra constitución, es ritmo, es sintonía, es coherencia.

    La tensión se produce cuando el ser ocupa los espacios de otros, cuando ocupa la respuesta de otros.

    Esa tensión se manifiesta, en lo cotidiano, en ese estrés que “consume” al ser. Se aparta del ritmo, se aparta de la sintonía, se aparta del respeto al entorno.

    La Llamada Orante nos reclama la necesidad del sosiego, la necesidad de la calma, la necesidad del ritmo.

    Nos recuerda nuestra pequeñez. Nos advierte de que la tensión culmina con las rupturas. Y así, debemos optar por desarrollar actitudes de sintonía, de adaptación, de simpatía…

    Saber ver la bondad ajena.

    Ejercitarse en la admiración de las acciones de los otros.

    Asumir con humildad nuestros haceres.

    Hacer del servicio una actitud que permita la confianza mutua.

    El Misterio Creador nos desborda con sus bondades. Nos da los recursos de nuestras consciencias, para que seamos fieles en el ejercicio del amar.

    Y en ese ejercicio de amar, al sentirnos amados por la Creación, somos capaces de “reflejar”: como hace la luna, con la luz del sol que recibe, así nosotros reflejamos el amor que, con la naturaleza de la vida, nos proporciona diariamente.

    El desarrollo de la especie, apartándose progresivamente del Misterio Creador, ha demostrado la eficacia del logro a través de la violencia. Y así, en lo cotidiano, todo lo que “se quiere” se hace poder. Y ese poder se convierte en una manifestación de violencia: violencia en la consciencia, violencia en las palabras, violencia en la forma de actuar, violencia desentendiéndose de las exigencias, de las acciones. Esa violencia pasiva que mira hacia otro lugar, cuando le toca afrontar las dificultades.

    Todo poder lleva consigo el ejercicio de la violencia.

    Desprenderse del poder y la violencia consiguiente, en cada una de las partes que nos corresponden, es una tarea urgente.

    La vida se instaura y brota sin poder, sin violencia.

    La luz del amanecer no llega bruscamente, violentamente; lo hace con suavidad, lo hace con elegancia, lo hace con el respeto a lo viviente. Y es así que la vida se modula como la ola del mar. Se adapta, aporta y se muestra con su mejor virtud. 

    Cuando nos guiamos por las evidencias de nuestras capacidades, no hay conflicto.

    Cuando actuamos bajo el deber enamorado del servicio, no hay necesidad de poder.

    Cuando es precisa la sinceridad y la claridad del rigor, no es necesaria la violencia.

    El respeto mutuo en las diferencias tendencias debe ser un continuo convivir. “Con-vivir”.

    El ejercicio de nuestro estar debe ser el agrado. El hecho de sentirnos vivos supone una permanente gratificación: unas gracias por nuestros sentidos, unas gracias por nuestros latidos, unas gracias por nuestras imaginaciones. Todo ello nos lo han dado sin confusión, sin tensión, sin violencia.

    No somos lo que somos para ejercitar el poder violento de la conquista.

    Han adiestrado, han enseñado a nuestra consciencia, que el logro, la consecución, solo se obtienen a través del poder y el ejercicio de la violencia; del ejercicio de esa “guerra” de ideas, proyectos, puntos de vista… y un largo etcétera que parece “normal”.

    Esa “normalidad” de la que se habla, es el ejercicio solapado de un poder violento en el que cada ser busca tener su parcela.

    El Misterio Creador nos colma con el derroche de la belleza. Sí: la belleza, ese detalle que debe ser ejercitado continuamente en nuestra labor, es el fluido que suaviza; es el aceite de vida.

    Cierto es que, para cada ser, la belleza representa y se muestra de formas diferentes. Pero cuando se ejerce con intención, con convicción, sea cual sea el tipo de belleza, ésta no hiere, no daña, no impone.

    Todo lo creado supone una expresión de belleza.

    Y es así, en consecuencia, que el ser de humanidad ha de expresarse con esa “naturaleza”.

    Así, el agobio del poder y la violencia, no encontrarán espacio para cortar, herir, dañar…

    Es necesario convertir esa tensión, esa violencia, esa confusión… convertirla en un testimonio que, adornado por la belleza, sea una respetuosa forma de amor.

    Hacer, de nuestro estar y de nuestro hacer, un bálsamo permanente. Que el cuido, el cuidar, el cuidarse, sea una actitud… imprescindible.

    Que asumamos el reconocer y el reconocernos, como una admiración mutua. Resaltar las virtudes, no los teóricos defectos.

    Cada ser, desde su pequeñez, debe asumir con humildad el acontecer de la vida.

    Al asumir la vida como una responsabilidad en ejercicio, nos debemos al servicio.

    Y asumir la vida como una necesidad de servicio, implica la sutil elegancia de la belleza y el gozo de compartirla.

    ***

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  •  

    As humanity, and with the prevailing criteria, the species is going through a delicate moment.

    These moments involve confusion, tension, violence.

    Confusion, tension and violence that put ideas -any ideas, of any kind- in doubt; tension in social relations and violence in terms of the everyday habitat.

    The Praying Call reclaims our ancestry-descent from the Eternal, where there is no confusion, where tension is expansion and where violence is goodness.

    The confusion comes from selfishness, radicalism that evolution of the species has developed in order to establish each individual's power.

    It is necessary, in the face of confusion, to take up again the conviction of ideals..., to become a servant of the Faith... and remove the continuous and permanent judgement of all that surrounds us.

    In this way we will become light that illuminates our path, and enlightens and helps the path of others.

    Judgement, prejudice and condemnation are reasons for permanent confusion.

    Living in more or less continuous or permanent tension, with the idea of wanting to tackle, monopolise and solve everything, is a selfish and hedonistic way of proceeding.

    Our Universe, our constitution, is rhythm, is harmony, is coherence.

    Tension occurs when the being occupies the spaces of others, when it occupies the response of others.

    This tension manifests itself, in everyday life, in the stress that "consumes" the being. It strays from rhythm, it strays from harmony, it strays from respect for the environment.

    The Prayerful Call calls us to the need for tranquillity, the need for calm, the need for rhythm.

    It reminds us of our smallness. It warns us that tension culminates in ruptures. And so, we must choose to develop attitudes of harmony, adaptation, sympathy...

    Knowing how to see the goodness of others.

    Exercise in admiration of the actions of others.

    Assuming our actions with humility.

    Making service an attitude of mutual trust.

    The Creator Mystery overflows us with its goodness. It gives us the resources of our consciousness, so that we may be faithful in the exercise of loving.

    And in this exercise of loving, by feeling loved by Creation, we are able to "reflect": as the moon does, with the sunlight it receives, so we reflect the love that, with the nature of life, it provides us daily.

    The development of the species, progressively moving away from the Creator Mystery, has demonstrated the efficacy of achievement through violence. And so, in everyday life, everything that is "wanted" becomes power. And this power becomes a manifestation of violence: violence in the conscience, violence in words, violence in the way of acting, violence by ignoring demands and actions. That passive violence that looks elsewhere when it is time to face difficulties.

    All power carries with it the exercise of violence.

    To get rid of power and the violence that goes with it, in every part of our lives, is an urgent task.

    Life is established and springs forth without power, without violence.

    The light of dawn does not come abruptly, violently; it comes gently, it comes elegantly, it comes with respect for the living. And so it is that life modulates like the wave of the sea. It adapts, contributes and shows its best virtue. 

    When we are guided by the evidence of our capabilities, there is no conflict.

    When we act out of duty in love with service, there is no need for power.

    When sincerity and clarity of rigour are required, there is no need for violence.

    Mutual respect in different tendencies must be a continuous coexistence. "Live -together ".

    The exercise of our being must be pleasing. The fact of feeling alive is a permanent gratification: thanks for our senses, thanks for our heartbeats, thanks for our imaginations. All this has been given to us without confusion, without tension, without violence.

    We are not what we are to exercise the violent power of conquest.

    They have trained us, they have taught our conscience that achievement, attainment, can only be obtained through power and the exercise of violence; through the exercise of that "war" of ideas, projects, points of view... and a long etcetera that seems "normal".

    That "normality" of which we talk about is the underhand exercise of a violent power in which each being seeks to have his or her share.

    The Creative Mystery fills us with the outpouring of beauty. Yes: beauty, that detail that must be continuously exercised in our work, is the fluid that softens; it is the oil of life.

    It is true that, for each being, beauty represents and shows itself in different ways. But when it is exercised with intention, with conviction, whatever the type of beauty, it does not hurt, it does not harm, it does not impose.

    Everything created is an expression of beauty.

    And it is thus that the being of humanity has to express itself with this "nature".

    In this way, the burden of power and violence will not find space to cut, to hurt, to damage...

    It is necessary to turn this tension, this violence, this confusion... to turn it into a testimony that, adorned with beauty, is a respectful form of love.

    To make our being and our doing a permanent balm. May care, taking care, caring for oneself be an attitude... essential.

    That we take on the recognition and acknowledgement of each other as mutual admiration. Highlight the virtues, not the theoretical defects.

    Each being, from its smallness, must humbly assume the event of life.

    By taking on life as an ongoing responsibility, we owe ourselves to service.

    And assuming life as a necessity of service implies the subtle elegance of beauty and the joy of sharing it.

    ***

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    Y el vivir, el vivir se hace en recuerdos de cada día.

    Y cada instante transcurrido se queda impreso en el ánima del ser… como si fuera una vianda para algún momento de penuria o necesidad. Y, a la vez, vamos regando recuerdos que el entorno tiene de nosotros.

    Y así, los recuerdos y el recuerdo se convierten en alimento, cuando no en tormento. De ahí la necesidad de dirimir qué recuerdos son alimento, y cuáles son pesadas cargas de tormento.

    La Llamada Orante nos lleva a los recuerdos de Infinito; sí, esos que dejan de ser recuerdos; que siempre se hacen presentes –por ponerles una localización-.

    En los recuerdos de lo Eterno no hay tiempo. Entonces no hay recuerdos, porque no hay pasado, ni presente, ni futuro. Hay “eternidades”.

    Y esta palabra, que nos desborda en cuanto a su significado, es una palabra de liberadas disposiciones…, puesto que, al no precisar del tiempo, todo ha pasado y todo pasa a la vez. Sí, es como decir que todo lo que está ocurriendo ya pasó, pero a la vez está ocurriendo.

    No es preciso ahondar en la razón y en el saber; es… instinto de eternidad, lo que nos debe proveer. Y en ese instinto de eternidad, los recuerdos se hacen eternos. Todo lo que transcurre es eterno. Es la manifestación de lo infinito.

    Si hacemos del vivir una eterna presencia, dejaremos de acumular, de olvidar, de retener… Cohabitaremos con lo imprescindible, lo necesario y lo preciso para la demanda de auxilio.

    Es difícil de entender, cuando la norma reclama “seguro”, cuando la norma demanda exigencias.

    Es evidente que la concepción de… el estar, del vivir, que ha ido gestando la sapiencia humana, se ha hecho limitante, limitada. Se ha hecho aparente. No ha consensuado con la Eternidad, con lo Infinito. Se ha relamido en su sapiencia, en su tenencia, en su capacidad. Y todo ello para luego claudicar.

    Y, a base de repetir, se ha creado la consciencia de “empezar” y “terminar”. Y ahí no hay eternidad. Ahí no está la infinitud.

    La Llamada Orante nos incita a posicionarnos en el vivir, sin “empezar” ni “terminar”. Cambiar las coordenadas por “infinitud” y “eternidad”.

    Así nos liberamos del corsé de que todo es caduco, de que todo es deterioro, de que… como se suele decir: “Al final…”.

    Experimentar, en el estar-haciendo-sintiendo y pensando, que habito en la infinitud, que me ha traído para cumplir, para ejercitarme, para realizarme en lo Eterno, que sería la Vida: “La Vida Eterna”.

    Parecen dos cosas: Infinitud y Eternidad. En realidad es la misma, pero para desligarnos de la esclavitud de los recuerdos –y dejarlos en pasado-, y del principio y el fin…, debemos hacer un paso previo de Infinito y Eterno, antes de acceder a la inimaginable contemplación.

    Así que transcurro en un Infinito y me concreto en una Eternidad.

     Transcurro en un Infinito y me concreto en una Eternidad.

    Y todo acontecer desligado del tiempo, me nutre. Y con ello evoluciono, creativizo mi presencia… y me dispongo a mi servicio: al que me corresponde, que es siempre más y más del que puedo pensar.

    Y el Infinito me inspira. En realidad, respira por mí. En realidad… nunca he existido. He sido una refleja luminaria del Misterio Creador. Pero, puestos a estar, la Eternidad nos acompaña. Y puestos a asumir nuestra “cobertura” material, hacemos del recuerdo una actualidad… y nos hacemos recuerdos de otros, para otros… desprendiéndonos de lo superfluo, lo condicionante, lo acondicionado.

    Sí. Los silencios se hacen eternos. Y los instantes, infinitos.

    Cuando la Oración nos transporta a estas vibraciones, es fácil entrar en contradicciones o en intentos de comprensión, de entendimiento y de razón; o bien, situarse en una burbuja, como un paréntesis, sabiendo que, lo que nos dicen, “en realidad no es así”.

    Se ha de estar alerta. Y puesto que nos llaman a orar, debemos asumir esa posibilidad, ¡al menos! Y no se trata de estar o no de acuerdo. La oración no se negocia; ¡se vive!

    Y la Llamada y el Sentido Orante que nos adornan… son experiencias de Universo; posicionamientos de día a día; alimento de evolución; capacitaciones permanentes.

    Al asumir la expresión de lo Eterno a través del silencio, podemos escuchar los cantos de las piedras… los chistes de las plantas… las baladas del agua… el susurro de las estrellas…

    Con el comienzo infinito y la presencia eterna, nuestra vocación de realizar, desde lo material hasta lo inmaterial, se hace con la pulcritud y la calidad de un “siempre”.

    Un “siempre” que es el sí de aceptarnos, de aceptar el transcurrir, el acontecer… sin el ánimo banal de la contienda, la posesión, el gusto o el disgusto; más bien, con una participación, ¡siempre!, que se destila de lo Eterno que comenzó en el Infinito.

    Y así podemos decir que somos trovadores de infinitas leyendas, que transitan eternamente… y se hacen presentes según necesidades.

    En el “siempre”-“eterno”-“infinito”, recogemos tres palabras que nos evaden de la costumbre, de la repetición; que evocan siempre la innovación: esa textura de calidad, que nos sorprende, que nos impresiona, que nos produce admiración.

    ***

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    And living, living is made in memories of each day.

    And each elapsed moment remains imprinted in the soul of the being... as if it were food for some moment of hardship or need. And, at the same time, we are watering memories that the environment has of us.

    And so, memories and recollection become food, if not torment. Hence the need to decide which are food and which are heavy burdens of torment.

    The Praying Call takes us to the memories of Infinite; yes, those that cease to be memories; that are always present -just to give them a location.

    In the memories of the Eternal there is no time. So, there are no memories, because there is no past, no present, and no future. There are "eternities".

    And this word, which overwhelms us in its meaning, is a word of liberated dispositions..., since, time is not precise, everything has happened and everything happens at the same time. Yes, it is like saying that everything that is happening has already happened, but at the same time it is happening.

    It is not necessary to delve into reason and knowledge; it is... instinct of eternity, which should provide us. And in this instinct of eternity, memories become eternal. Everything that happens is eternal. It is the manifestation of the infinite.

    If we make out of living an eternal presence, we will stop accumulating, forgetting, retaining... We will cohabit with what is indispensable, necessary and precise for the demand for help.

    It is difficult to understand, when the norm calls for "security", when the norm calls for demands.

    It is evident that the conception of... being, of living, that has been gestated by human wisdom, has become limiting, limited. It has become appearance. It has not reached a consensus with Eternity, with the Infinite. It has indulged in its wisdom, in its possession, in its capacity. And all this at the end, just to give up.

    And, through repetition, the consciousness of "beginning" and "ending" has been created. And there is no eternity there. There is no infinitude.

    The Prayerful Call urges us to position ourselves in living, without "beginning" or "ending". Changing coordinates to "infinitude" and "eternity".

    This is how we free ourselves from the corset of everything expires, that everything is decaying, that... as they say: "In the end...".

    To experience, in being-doing-feeling and thinking, that I dwell in the infinitude, which has brought me to fulfil, to exercise, to realise myself in the Eternal, which would be Life: "Eternal Life".

    They seem to be two things: Infinitude and Eternity. Actually, it is the same, but in order to free ourselves from the slavery of memories -and leave them in the past-, and of the beginning and the end..., we must make a previous step of Infinity and Eternity, before accessing the unimaginable contemplation.

    So, I pass in an Infinite and I become concrete in an Eternity.

    I pass in an Infinite and I become concrete in an Eternity.

    And all events detached from time nourish me. And with it, I evolve, I creativize my presence... and I make myself available to my service: the one that corresponds to me, which is always more and more than I can think of.

    And the Infinite inspires me. Actually, it breathes for me. In reality... I have never existed. I have been a reflected luminary of the Creator Mystery. But, if we are to be, Eternity accompanies us. And if we are to assume our material "coverage", we make of memory an actuality... and we make ourselves memories for others, for others... detaching ourselves from the superfluous, the conditioning, the conditioned.

    Yes, silences become eternal And the moments, infinite.

    When Prayer transports us into these vibrations, it is easy to enter into contradictions or attempts at understanding, comprehension and reason; or rather to place ourselves in a bubble, like a parenthesis, knowing that what we are told is "not really so".

    We must be alert. And since we are called to pray, we must at least accept that possibility! And it is not a matter of agreeing or disagreeing. Prayer is not negotiated; it is lived!

    And the Call and the Praying Sense that adorns us... are experiences of the Universe; day to day positioning; evolutionary nourishment; on-going training.

    By assuming the expression of the Eternal through silence, we can hear the songs of the stones... the jokes of the plants... the ballads of the water... the whisper of the stars...

    With the infinite beginning and the eternal presence, our vocation to get things done, from the material to the immaterial, is done with the neatness and quality of an "always".

    An "always" that is the yes to accept ourselves, to accept the passing, the happening... without the banal spirit of contention, possession, liking or disliking; rather, with a participation, always!, that is distilled from the Eternal that began in the Infinite.

    And so, we can say that we are troubadours of infinite legends, who travel eternally... and become present according to need.

    In the "always"-"eternal"-"infinite", we gather three words that evade us from habit, from repetition; that always evoke innovation: that texture of quality, that surprises us, that impresses us, that produces admiration in us.

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    La generalidad anímica que la cultura preponderante nos muestra, es fastidiosamente incómoda. Con grados de desespero, con apatías, abulias y… tristezas depresivas que surgen por el anclaje de ideas preconcebidas que no supieron evolucionar, que no quisieron cambiar.

    Y así el manto global es… “sin remedio”.

    La Llamada Orante –desde el Misterio Creador- nos muestra lo rencorosamente ególatra que resulta esa visión; que sí, sí, pondrá miles de ejemplos de catástrofes, dramas, terrores, horrores, sí. Y sin tratar de poner una balanza en la cual sobresalgan las virtudes, los proyectos, las fantasías, las ilusiones, las alegrías, las confianzas, los pactos, las promesas… pareciera que nada de eso existe: “pesa poco”.

    Sí. La consciencia de humanidad se ha hecho ¡peso!, se ha hecho cantidad, se ha hecho relato de casos. Y abrir cualquier información supone una entrega… una entrega de desastres, de amenazas, de deterioros, de engaños, de tragedias.

    Pareciera que el peso de la materia se agolpa, se constriñe. Y la consciencia de vida se secuestra. Pareciera que no hubiera el azul de la vigilia. Pareciera que no existieran las estrellas de la noche. Pareciera que la sonrisa se había acabado ¡o prohibido!

    Y la muestra es de desespero personal, de incapacidad para lograr esos logros que cada uno se fabrica por la cultura y… las ansias.

    Se hace gris el panorama. La densidad de lo que pesa.

    Y ya se dice en el argot popular: “Es que esto pesa mucho”. “Es que esta experiencia me resulta muy pesada”. “Es que vivir así es muy pesado”. “Es que pesa mucho la historia”… y un largo ¡pesar! –de “peso”- se hace [1]pesar.

    Y desde el Misterio Creador, la Llamada Orante nos advierte de esa corriente que arrastra, que aploma… el vuelo, la fantasía, la posibilidad, el diálogo, la concordia, la convivencia, el [2]“entusiasmós”.

    Y los compromisos empiezan a pesar. Y las promesas pesan. Y la solución para el peso es la huida, la olvidada promesa, la vulgar y cotidiana empresa de transmitir el desahogo del desespero. De transmitir el desahogo del desespero.

    Y bajo el Sentido Orante, cabría preguntarse: ¿Dónde está el juego infantil? ¿Dónde está la travesura ante la ley? ¿En dónde se encuentra la picardía de… el nuevo plan? ¿Qué fue de las fragancias de los proyectos: “papel de fumar”? ¿Dónde, dónde está ese dinamismo juvenil de fuerza, de agilidad? ¿Adónde fue a parar el castillo del adulto, que hizo con esmero y con cuidado? ¿Dónde está la longevidad del relato, de la experiencia, del saber?

    Parece –parece- que todo eso se ha “terminado”. En la cultura del terror, todo eso se ha terminado. Sólo queda el sobrevivir de la manera más… satisfactoria.

    Pero las esperadas esperanzas se hacen nostalgias atrevidas… imposibles de creer.

    La Llamada Orante nos advierte, nos avisa de esas texturas de pesimismo atroz. Y nos recuerda que somos como cometas… que “en vivo” estamos al volar; que el viento nos da el aliento, y el Misterio Creador nos sujeta con la guía.

    El pesimismo se hace cada vez más pesado y engrosa lo que llaman “realidad”.

    Parece que nadie se acuerda de que hay un aliento, un ánima, que es el que da, a lo pesado, a lo material…, la consciencia de que existe, la consciencia de que está.

    Pero eso parece olvidado, y se tiene –aunque no concretada- la idea de que lo pesado, lo denso, lo real, es la consciencia en verdad. Que cualquier otra textura que no sea medible, pesable, visible, tocable, arreglable, manipulable… no existe. Así: una consciencia de serrucho, de garlopa, de estridencias, que arrastra.

    Y en esos momentos de aplomo, cuando no hay que seguir arando en el pesimismo, aparece un chiste, una broma o algo que nos saque de esa pésima versión de la vida. Entonces podemos darnos cuenta de que el aliento está. Que no es la pesada carga del cuerpo –de lo que llaman “cuerpo”-, de huesos, músculos, tendones… Que el ánima está, y el ánimo es el que le da configuración al peso. Pero no para que pese en la pesadumbre, sino más bien en la mansedumbre que lleve al ser a contemplarse en lo posibilitante: en la pequeña hoja que sale entre los ladrillos que descuidaron su unión; y ahí aflora como… “furtivo”.

    Nos llaman a orar cuando todo se hace denso; y cuando debemos alumbrar, con ilusión y fantasías, lo que realmente somos: una imaginación de lo Eterno. Imágenes que se rellenaron de tierra… para conformarse con montañas, con piedras… para no desdecir a esa materia que, en verdad, nunca lo es, sino que es el aliento comprimido, configurado y conformado, como una etapa del ser. “Como una etapa del ser”.

    Si somos aliento del Misterio Creador, si somos imaginación semejante a lo Inabordable, no somos una pesada carga.

    No somos una cargante experiencia que debe seguir ¡aguantando!… aguantando lo que la atrapa: las leyes que establece el ser, de la vida, desde la gravedad que nos sujeta hasta el “destino final”… –una farsa-.

    Y así, con esa pésima consciencia, el ser va rompiendo y rompiendo y rompiendo y rompiendo… las frecuencias de comunión, de adhesión, de sintonía…

    E inevitablemente busca otras, o se secuestra en sí mismo, como buscando razones para “la buena ejecución de la ruptura” –“como buscando razones para la buena ejecución de la ruptura”-.

    ¡Y rabia da! –orantemente, anímicamente- que, con la espléndida, la inagotable perspectiva de ¡la vida!…

    ¡No solo la humana!... “La vida”. ¡Porque la humana no es un secuestro de las otras formas de vida! ¡Es una integración de todas ellas! Un hito, una pequeña culminación en el Universo Creador.

    No es la pesada carga de estar y de seguir. Es el aliento del suspiro, la motivación de la complacencia, la satisfacción de lo cumplido, el placer de lo servido…; el volador viento de las ideas, que revolotean como nubes y aguardan el momento oportuno para llegar a ejercitarse, encarnarse y realizarse. Y con ello, el asombro, la admiración y la congratulada culminación.

    No está el aire para ahogarnos; ni el agua, para ahogarnos.

    Están para alimentarnos... Para ser la fantasía de aguas que recorren el ciclo… sin fatiga, sin pesadez, mientras el viento las lleva.

    Un Feng Shui inagotable que, en cada gota de rocío, en cada copo de nieve, en cada mar embravecido, en cada río desbordado, en cada pozo sediento, en cada aire violento, suave o tenue… recoge la nube y el nublo, y se alegra con el relámpago y canta con el trueno.

    Todo esto no pesa… pero está.

    Y es lo que hace posible que el ser no sea ¡pesado!; que el vivir sea el ligero aroma del perfume; que el vivir sea el tenue parpadear de una inmensa e infinita estrella; que el vivir sea el entusiasmo de un amanecer continuo… que nos transporta; que el vivir sea el resplandor inagotable de la chispa: esa que alumbra a la vela.

    Nada de eso pesa.

    Y en ello hace hincapié la Llamada Orante, ante esa pesadumbre, ante ese pesimismo, ante ese peso.

    Ante ese peso que supone la Historia, ¡que no recuerda! No recuerda –es curioso-. No recuerda las tardes de otoño. No recuerda, la Historia, los paseos plácidos o los juegos de playa. ¡No! La Historia nos recuerda la batalla, la guerra, la conspiración, la caída, la llegada, el triunfo, la ¡pesadumbre!, la herrumbre. Y así el ser se va cargando de Historia, y se va haciendo denso… Insoportable.

    Y no es, la memoria, el reducto de la tragedia. No es, el recuerdo, la daga hiriente de cada instante. Es, la memoria, el aliento que nos ha conducido hasta lo lejano; que nos ha llevado… con independencia de nuestros legados.

    Y si, en el transcurrir, el ser se retrae de sus hazañas, y sólo contempla las ruinas… es imperiosa la necesidad del aliento fresco que está, pero que pesado se reconoce porque no sabe visionar, porque se ha trucado la visión para mirar y tomar… poseer y gobernar… cuando resulta que somos visionarios del soplo del A-mar. De ese ciclo de agua interminable, de vientos insondables…

    Es precisa la conversión. Es precisa la intención y el decidido testimonio de la decisión… sin el temor de trasgredir lo ordinario, sin el miedo a contravenir lo establecido, sin la alerta de la llegada del castigo.

    No somos carne espesa y pesada de cañón retorcido.

    No somos pesimismos lanzados al Universo para que se pudran en los cementerios.

    El pesado destino ha imbuido la consciencia liberadora, la ha escondido, y el ser se ha hecho reo del destino inexorable de su derrota, de sus detritus.

    Pronto, pronto se hace llegada de la luz amanecida, de esa que no se agota día tras día. Siempre distinta, entusiasta.

    ¿Por qué no darse cuenta de ello? ¿Por qué no apercibirse de la curiosidad del ojo… que mira, que ve, que imagina, que interpreta? ¿Por qué no fantasear con lo que se escucha, con el eco del silencio, con quién sabe qué sonará y qué será eso? ¿Por qué no transportarse con el perfume del aliento? Con ese que respiramos y que nos avisa del frío, del calor, de la humedad… o del refinado afán de la flor que nos regala, con su perfume, un verso.

    ¿Por qué no saborear la saliva ansiosa que busca el consuelo del agua, del dulce, del salado, del amargo, del ácido?

    ¿Por qué no... por qué no darse cuenta de la infinita interpretación de las texturas, cuando rozamos, cuando tocamos? ¿¡Por qué no maravillarse de los sentidos!, que constituyen el sentido, que conforman la fantasía del ser?

    ¿¡Qué pesadumbre nos lo impide!? ¿¡Qué memoria fatalista nos prohíbe!?

    Como imaginación… que se hace cada sentido, cargados de agua y de aliento, movemos y enjugamos y enjuagamos nuestros sentidos. Y visionamos, con todos ellos, la perspectiva de “humor”: del humo y del aliento invisible que da el ánimo, que gesta el entusiasmo, que proyecta la idea, que sabe perseverar en la innovación cotidiana.

    Estas sugerencias orantes son las que nos alertan y nos alientan, a la vez, para que nuestra consciencia deje de ser lo que no es; deje de ser la pesadumbre apesadumbrada, pesada y densa.

    El viento suave acaricia la luz del amanecer. Nos hace visibles… Nos hace evidentes testimonios de entusiasmos.

     

    [1] Sentimiento o dolor interior que fatiga el ánimo.

    [2] En griego: “arrobamiento o éxtasis inspirado por la divinidad”.

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    The general mood the prevailing culture shows us is annoyingly uncomfortable. With degrees of despair, with apathy, indifference and... depressive sadness that arise from the anchorage of preconceived ideas that did not know how to evolve, that did not want to change.

    And so, the overall mantle is... "hopeless".

    The Praying Call -from the Creator Mystery- shows us how spitefully egomaniacal this vision is; that yes, yes, it will give thousands of examples of catastrophes, dramas, terrors, horrors, yes. And without trying to place a balance in which virtues, projects, fantasies, illusions, joys, confidences, pacts, promises stand out... it would seem that none of these exist: "it weighs little".

    Yes, the conscience of humanity has become heavy, it has become a quantity, it becomes a story of cases. And to open any information supposes to hand over… hand over disasters, threats, deterioration, deceit, tragedies.

    It seems as if the weight of matter is amassing, constricting. And the consciousness of life is hijacked. It seems that there is no blue of wakefulness. As if the stars of the night do not exist. It seems that the smile was over, or forbidden!

    And the sample is of personal despair, of inability to achieve those achievements that each one of us manufactures by culture and... desire.

    The outlook becomes grey. The density of weight.

    And it is said in popular slang: "It's just that this is too heavy". "This experience is very heavy for me". "Living like this is very heavy". “It's just that history weighs a lot"... and long regrets weigh heavy.

    And from the Creative Mystery, the Prayerful Call warns us of this current that drags, that crushes... flight, fantasy, possibility, dialogue, harmony, coexistence, [1]"entusiasmós".

    And commitments begin to weigh. And the promises weigh. And the solution for the weight is flight, the forgotten promise, the vulgar, everyday venture of transmitting the relief of despair. Transmitting the relief of despair.

    And under the Prayerful Sense, one might ask: Where is the childish play? Where is the mischief before the law? Where is the roguery of... the new plan? What happened to the fragrances of the projects: "cigarette paper"? Where, where is that youthful dynamism of strength, of agility? Where did the adult castle, which he made with care and attention, go? Where is the longevity of the story, of the experience, of the knowledge?

    It seems -it seems- that all that is "over". In the culture of terror, all that is over. The only thing left is to survive in the most... satisfying way.

    But the long-awaited hopes become daring nostalgias... impossible to believe in.

    The Prayerful Call warns us of those textures of atrocious pessimism. And it reminds us that we are like kites... that we are like alive kites… we “live” when fly; that the wind gives us breath, and the Creator Mystery holds us with guidance.

    Pessimism becomes heavier and heavier and thickens what is called "reality".

    It seems that nobody remembers that there is a breath, a soul, which is what gives, to the heavy, to the material..., the consciousness that it exists, the consciousness that it is there.

    But that seems to have been forgotten, and the idea is held -though not concretised- that what is heavy, dense, real, is consciousness in truth. That any other texture that is not measurable, weighable, visible, touchable, fixable, easy manipulated... does not exist. Thus: a consciousness of saw, of jack plane, of stridencies, which drags.

    And in those moments of poise, when we don't have to keep ploughing on in pessimism, a joke appears, a joke or something that takes us out of that lousy version of life. Then we can realise that the breath is there. That it is not the heavy burden of the body -of what is called "body"- of bones, muscles, tendons... That the soul is there, and the spirit is what gives configuration to the weight. But not so that it weighs on the sorrow, but rather in the gentleness that leads the being to contemplate itself in the possibilities: in the small leaf that emerges between the bricks that neglected their union; and there it emerges as... "furtive".

    We are called to pray when everything becomes dense; and when we must illuminate, with illusion and fantasies, what we really are: an imagination of the Eternal. Images that were filled with earth... to conform as mountains, as stones... so as not to deny that matter that, in truth, never is, but is the compressed breath, configured and shaped, as a stage of being... "As a stage of being".

    If we are breath of the Creator Mystery, if we are imagination akin to the Unapproachable, we are not a heavy burden.

    We are not a burdensome experience that must go on enduring!... enduring what traps it: the laws that the being establishes, of life, from the gravity that holds us to the "final destiny"... -a sham-.

    And so, with this terrible consciousness, the being breaks and breaks and breaks and breaks and breaks... the frequencies of communion, of adhesion, of tuning...

    And it inevitably looks for others, or hijacks in itself, as if looking for reasons for "the good execution of the rupture" -"as if looking for reasons for the good execution of the rupture"-.

    And it makes one angry! -prayerfully, emotionally- that, with the splendid, the inexhaustible perspective of life!...

    Not only the human one!... "Life"! Because human life is not a hijacking of others forms of life! It is an integration of all of them! A milestone, a small culmination in the Creator Universe!

    It is not the heavy burden of being and following. It is the breath of the sigh, the motivation of complaisance, the satisfaction of what has been accomplished, the pleasure of what has been served...; the flying wind of ideas, which flutter like clouds and await the opportune moment to come to be exercised, incarnated and realised. And with it, the amazement, admiration and the congratulated culmination.

    The air is not there to suffocate us; the water is not there to drown us.

    They are there to nourish us... To be the imagination of waters that run through the cycle... without fatigue, without heaviness, while the wind carries them away.

    An inexhaustible Feng Shui that, in every dewdrop, in every snowflake, in every raging sea, in every overflowing river, in every thirsty well, in every violent, soft or faint air... gathers the cloud and the thundercloud, and rejoices with the lightning and sings with the thunder.

    All this is not heavy… but it is there.

    And it is what makes it possible for being not to be heavy; for living to be the light scent of perfume; for living to be the faint flickering of an immense and infinite star; for living to be the enthusiasm of a continuous dawn... that transports us; for living to be the inexhaustible radiance of the spark: that which lights the candle.

    None of those weighs.

    And this is what the Prayerful Call emphasises, in the face of this gloom, this pessimism, this weight.

    Faced with the burden of History, that does not remember! It does not remember -it is curious-. It does not remember autumn afternoons. History does not remember the placid strolls or the beach games. No! History reminds us of the battle, the war, the conspiracy, the fall, the arrival, the triumph, the heaviness, rust. And so, the being becomes loading with History, and becomes dense... Unbearable.

    And memory is not the redoubt of tragedy. It is not, memory, the wounding dagger of each instant. It is, memory, the breath that has led us to the distance; that has carried us... regardless of our legacies.

    And if, in the course of time, the being withdraws from his exploits, and only contemplates the ruins... the need for the fresh breath that is there, but is heavy to recognise it, because it does not know how to see, because it has tricked his vision to look and take... to possess and rule... when it turns out that we are visionaries of the breath of the Love. Of that endless cycle of water, of unfathomable winds...

    Conversion is needed. It requires intention and the resolute witness of decision... without the fear of transgressing the ordinary, without the fear of contravening the established, without the alert of coming punishment.

    We are not thick, heavy, twisted cannon fodder.

    We are not pessimisms thrown into the Universe to rot in cemeteries.

    The heavy fate has imbued the liberating consciousness, has hidden it, and the being has become a convicted offender of the inexorable fate of its defeat, of its detritus.

    Soon, soon dawning light arrives, the one that does not run out day after day. Always different, enthusiastic.

    Why not be aware of it? Why not notice the curiosity of the eye... that looks, that sees, that imagines, that interprets? Why not fantasise about what we hear, about the echo of silence, about who knows what it will sound like and what it will be? Why not be transported by the perfume of breath? With the one we breathe and warns us of the cold, the heat, the humidity... or the refined eagerness of the flower that gives us, with its perfume, a verse.

    Why not savour the anxious saliva that seeks the comfort of water, sweet, salty, bitter, sour?

    Why not... why not realise the infinite interpretation of textures, when we graze, when we touch? Why not marvel at the senses, which constitute the meaning, which make up the fantasy of the being?

    What grief prevents us from doing so? What fatalistic memory forbids us to do so?

    As imagination… that every sense is made, charged with water and breath, we move and rinse and rinse our senses. And we envision, with all of them, the perspective of "humour": smoke and the invisible breath that gives encouragement, that gestates enthusiasm, that projects the idea, that knows how to persevere in daily innovation.

    These prayerful suggestions are the ones that alert and encourage us, at the same time, so that our conscience ceases to be what it is not; it ceases being the anguished suffering, heavy and dense.

    The gentle wind caresses the light of dawn. It makes us visible... It makes us evident testimonies of enthusiasm.

     

    [1] Greek: "rapture or ecstasy inspired by divinity”

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ORACIÓN

La prière que nous réalisons est une prière qui n’est circonscrite à aucune religion. Nous croyons que la prière peut être un instrument Libérateur et Guérissant. La prière a comme référence la Création, les différentes Forces qui nous animent sans leur donner un nom. La croyance que la Prière est un élément indispensable pour nous, elle nous a amené à créer un espace qui lui est exclusivement dédié : « La Maison du Son de la Lumière », c’est un lieu situé dans le Pays Basque, à Vizcaya, dans un hameau. Là bas se réalisent des journées de retraite. « La Maison du Son de la Lumière » ARGI DOINU ETXEA se trouve dans la localité de Ea, Vizcaya (Pays Basque Espagnol). C’est un espace ouvert aux élèves de l’Ecole Neijing, lesquels peuvent demeurer sur place de 1 à 5 jours.

LA CASA DEL SONIDO DE LA LUZ

LA CASA DEL SONIDO DE LA LUZ
“La Casa del Sonido de la Luz” ARGI DOINU ETXEA se encuentra en la localidad de Ea, Vizcaya. Un espacio abierto para los alumnos de la Escuela Neijing, los cuales pueden realizar estancias de 1 a 5 días.
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